• Por Antonio Méndez


Abandonado el noise primerizo de sus iniciales trabajos, los Mercury Rev fueron evolucionando hacia sonidos de pop psicodélico, más maduros y refinados en su música, enriqueciendo disposiciones sonoras cada vez más barrocas y ambientes etéreos, quizá también más presuntuosos, con exquisiteces dream pop y sunshine pop, psicodélica de herencia de finales de los 60 ornamentada con arreglos vocales e instrumentales sofisticados, melodías ensoñadadoras y voces trémulas y dulces, algo bastante diáfano en este “The Secret Migration”, con referencias no muy lejanas a Brian Wilson y en especial, conscientemente o no, a los proyectos de Curt Boettcher Sagittarius o The Millennium.

Un disco lleno de escenarios naturales para disfrutar por gente con un mínimo de sensibilidad.

Muchas piezas contienen esas ansias letárgicas del dream pop como el single “Secret For A Song”, tema con un buen trabajo de bajo y significativo piano, instrumento usual en esta etapa del grupo, envuelta en arreglos suntuosos y una lírica con un derroche de imaginería natural.

“Across Yer Ocean”, pieza de tono melancólico iniciado a capella, confiere ese ambiente espacial propio de la banda con un magnífico sentido melódico y una expresión vocal muy similar a la de Boettcher.

En “Diamonds”, tema neopsicodélico de gradación pastoral con empleo de un piano eléctrico y frágiles sintetizadores varios, recogen diversas escenas naturales que, según ellos, no olvidarás jamás en tu vida.

La balada de envolvente piano “Black Forest (Lorelei)” vuelve a desarrollar una atractiva melodía de pop psicodélico-orquestal ensalzada por la hipnótica voz de Jonathan Donahue con estampas de caballos blancos cabalgando por bosques negros.

La preciosa “Vermillion” comienza como una melancólica y dulce balada para ir acrecentando su tempo con una fantástica melodía y un excelente trabajo en los arreglos que la recubren. Intenso tema, de una sensibilidad sublime.

“In The Wilderness”, abordando la comprensión entre una pareja, podría ser un tema escrito por unos Beach Boys grunge mientras que “In a Funny Way”, con percusión a lo Phil Spector, es un imponente corte barroco-psicodélico con trazas a lo Millennium o Left Banke y, de nuevo, como en casi todo el disco, ambientación natural, lo que nos transporta, para bien, a escenarios bucólicos y pastoriles.

“My Love”, balada a lo Pink Floyd de ostentosos arreglos que fabula en parte del texto con el presunto hijo de María Magdalena y Jesucristo; “Moving On”, pieza de poco más de un minuto a lo Beach Boys en su interpretación de cálidas armonías vocales; “The Climbing Rose”, suave melodía psicodélica “boettcheriana” con piano eléctrico; “Arise”, posee un nervudo trabajo en la percusión y cierto ímpetu guitarrero en un volátil concepto de la escritura; “First-Time Mother’s Joy (Flying)” es una balada con reminiscencias de John Lennon; y “Down Poured The Heavens”, es otro corte lento, melancólico, desarrollado casi como una canción de cuna. Dura un minuto y medio y pone punto y final a un disco notable.

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