• Por Antonio Méndez

Crítica

Morrissey sigue en forma después de su resurrección con el magnífico disco “You Are The Quarry”. En esta nueva entrega se manifiesta el maduro lirismo de un narrador escéptico que abomina de un mundo en el que no se siente demasiado a gusto y busca recodos en situaciones amorosas, místicas, de liberación mortal con la esperanza de un futuro mejor.

Las melodías parecen no decir nada en un inicio y van creciendo… no… más bien subyugando puntualmente con cada escucha, enfatizadas las emociones por su caracteristico histrionismo vocal y una densidad instrumental que ayuda a configurar unas atmósferas de tono apesadumbrado.

El disco se abre con “I Will See You In Far Off Places”, pieza con una melodía de tipo oriental y una atmósfera hosca en torno a la perspectiva social y política con puya a la política beligerante de la administración Bush.

En la balada con arreglos orquestales de Ennio Morricone “Dear Gold Please Help Me”, Moz se pasea por las calles de Roma, se pone místico-confesional (con órgano de iglesia y campanas, entre otros instrumentos), demuestra que todavía es un cantante de primera y parece definir con una curiosa metáfora su conocido (y presunto) celibato.

No abandona Italia con el tema “You Have Killed Me”, para rememorar a los directores Pier Paolo Pasolini y Luchino Visconti. La melodía, puramente pop, el estribillo glorioso, el repique de las guitarras jangle, los arreglos de cuerda, y un memorable puente hacen de esta canción una de las cumbres del disco.

Una sirena principia “The Youngest Was The Most Loved”, otro de los momentos más logrados del álbum que parece tratar la violencia urbana en el retrato de un muchacho humilde, tímido y protegido, que acaba convertido en un asesino por sus traumas de niñez. No pueden faltar las florituras vocales de su autor (acompañado por un coro infantil en alguna ocasión) que en vez de hastiar otorga un medido enaltecimiento de la emocionalidad del tema.

El inmortal “Get It On” de T. Rex (con quien colaboró el productor de este disco, Tony Visconti) parece inspirar la intro de “In The Future When All’s Well”, en donde se muestra cínico con un falso optimismo. Se aprecia su maestría en vincular a la escritura pop (con un estribillo sensacional) textos poéticos y atmósferas grisáceas, en esta ocasión un tanto clareada.

Las experiencias traumáticas en la infancia vuelven a ser el cimiento de “The Father Who Must Be Killed”, fenomenal tema con un magistral dominio de tempos y ambientes en una historia casi gótica (de nuevo con coros de niños) con una joven que termina asesinando a su padrastro.

El título de “Life Is a Pigsty” (La vida es una pocilga) lo dice todo en cuanto al desaliento de una canción de más de siete minutos con un desarrollo épico art-rock y un clímax bastante acertado.

“I’ll Never Be Anybody’s Hero Now” parece ubicarse en la desazón por pérdida amorosa con falsete y un tratamiento dramático al estilo de Roy Orbison.

El final del disco no entusiasma, a pesar de no resultar canciones desdeñables como “On The Streets I Ran”, tema con trazas autobiográficas; “To Me You Are a Work of Art”, pieza con viscosa instrumentación (entre ella un riff de guitarra en plan quejido animal o cuerno vikingo) en donde afirma que este mundo le hace vomitar y solamente es aliviado por la presencia de su amante; “I Just Want To See That Boy Happy”, con potentes guitarras rock, trompetas finales y una narración que, en vísperas de la muerte, parece ansiar un mejor futuro ejemplificado en la felicidad de un niño; o “At Last I Am Born”, pieza épica en clave de resurrección sin demasiada trascendencia y algún eco “davidbowieano”.

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