• Por Antonio Méndez

Crítica

Después de mostrar su maestría jangle pop con “Viva Hate” y hacer rock con apariencia glam en “Your Arsenal“, dos de sus mejores trabajos en solitario, Morrissey sorprendió con “You Are The Quarry” (2004), excelente álbum publicado en el sello independiente Sanctuary Records.

Es un disco lleno de clase, sensibilidad, intensidad melodramática. Muestra el talento evocativo en la expresiva, teatral e influyente voz del británico, su elegancia en la interpretación y la habilidad para componer cautivadoras melodías. Cuenta con una equilibrada producción y arreglos. Lo que es curioso es el empleo en el inicio de algunos temas de efectillos “modernos”, empleados casi de forma paródica ya que aparecen someramente en la construcción del tema y no tienen peso alguno en los mismos. Recordemos que Morrissey siempre ha estado en contra de sintetizadores y maquinitas varias.

El engolamiento vocal, la afectación calculada pertenecen a su identidad artística y son artilugios muy efectivos para conseguir acentuación emocional en unas composiciones magníficas que atrapan en cada nueva escucha. A destacar una sección rítmica pujante y un lirismo con puntuales comentarios sociopolíticos.

El disco, producido por Jerry Finn (miembro del grupo Ill Repute), se inicia con “America Is Not The World”, un buen tema elegido como single pero ni mucho menos es uno de los más importantes del disco, sino todo lo contrario. Moz trata con ironía a la “tierra de la libertad y las oportunidades”, en la que nunca el presidente es negro, mujer o gay, y sus habitantes se empachan con hamburguesas, criticando también la americanización del mundo. Tópica y demagoga, lo curioso es que el propio Morrissey reside en los Estados Unidos.

morrisey-foto-critica-disco“Iris Blood, English Heart” aviva el tempo mostrándose más rockero y conteniendo un mensaje político de conciliación entre británicos e irlandeses. Aborda la compatibilidad de sus ascendencias irlandesas y su sentimiento e identidad inglesa y expresando que el simple porte de una bandera (recordando viejos tiempos) no tiene porque provocar un sentimiento de vergüenza, ni que desde fuera no te hagan sentir racista ni parcial. Remacha su independencia personal afirmando que no habrá régimen político que pueda comprarle ni venderle.

La balada “I Have Forgiven Jesus” es una maravilla y da inicio a una serie de cortes de tempo pausado. Gran melodía, gran sensibilidad y, por supuesto, gran voz. Fenomenal piano eléctrico de Roger Manning (antiguo miembro de Jellyfish) y Moz quejando ante Jesucristo por haberle dado tanta capacidad de desear y amar en un mundo sin amor y sin nadie a quien desear.

El ritmo permanece tranquilo en el delicado tema sentimental “Come Back To Camden”, con una impresionante interpretación vocal, adoptando aquí posturas de crooner y falsete para subrayar la emoción del texto.

“I’m Not Sorry” tiene una clase fuera de lo común. La parte vocal de “I’m, slipping below the water line” es de una elegancia extraordinaria unida al sutil trabajo instrumental con un bajo formidable de Gary Day, una flauta insinuante y una atmosférica guitarra de Boz Boorer, co-autor de este sobresaliente tema.

“The World Is Full Of Crashing Bores” vuelve a mostrar una capacidad para la composición, la construcción melódica y la admirable manifestación vocal.

Después de estos tranquilos cortes, retomamos el ritmo pujante con “How Can Anybody Possibly Know How I Feel”, ejercicio cáustico a nivel lírico y un sensacional tema jangle que podrían firmarlo los mejores REM con esa guitarra repicante a lo Roger McGuinn. Una de las mejores canciones del álbum.

“First Of The Gang To Die” es una pieza power pop de estribillo pegadizo, refulgentes guitarras, animado ritmo, con textos irónicos de falso aspecto dramático y buen trato melódico.

“Let Me Kiss You” es una gema ensoñadora con letra romántica de inteligente tratamiento, sublime guitarra de Alain Whyte, suntuosos arreglos.

En la fenomenal balada “All The Lazy Dykes” centra su narración poética en las lesbianas; en “I Like You” enardece el ritmo para que bailemos al son de otro estupendo corte con una vigorosa batería de Dean Butterworth; y con “You Know I Couldn’t Last”, balada iniciada con unas aceradas guitarras de Boorer y Whyte a lo glam-rock de Mick Ronson que atisba de manera crítica la torticera industria musical, finaliza un gran disco para paladares exquisitos y uno de los mejores hitos de su carrera en solitario que tras varias escuchas termina (o tendría que terminar) aprehendiendo hasta al más insensible de los mortales.

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