• Por Antonio Méndez

p j harvey let england shake

Este disco de la británica Polly Jean Harvey incluye una serie de canciones en torno a los males que traen las guerras utilizando una perspectiva presente e histórica de su país. El tema conceptual no tiene nada de inventivo, mucho más audaz con el imperio británico estuvo Ray Davies con sus Kinks en el magistral “Arthur”, y resulta muy elemental alabar su propósito antibelicista. Al margen de ello, el álbum es un valioso y atmosférico muestrario folk pop lírico y melódico.

Comienza el disco con la canción que le da título, “Let England Shake”… Sonríe, sonríe, Bobby, con tu maravillosa boca, las rocas caen, los pájaros permanecen silenciosos en las ramas… Polly crea un escenario de despedida ante la marcha de un soldado a la guerra. La etérea voz con ascendencia en Kate Bush y la densidad instrumental crea un escenario sugerente, en ocasiones obsesivo, con un ritmo marcado por un insistente piano y una sutil combinación vocal e instrumental con xilófono, saxo o mellotron.

Percusión tribal en el inicio de “The Last Living Rose”, un paseo por Londres cuyo sonido, al igual que los Arcade Fire, vincula el folk con el dream pop, pero aquí con añadidos de arreglos de viento soul tipo Stax, guitarras twang… Estupendo medio tiempo.

El registro de Harvey a lo Kate Bush regresa con “The Glorious Land”, tema de extensa introducción instrumental con cierta ironía en su texto sobre concepción sobre glorias alcanzadas… Al margen de demagogias y simplezas intelectuales, la canción es fenomenal, de mayor ritmo que las piezas previas, con atractivas combinaciones vocales, falsete, reverb y una corneta.

“The Words That Maketh Murder” exhibe de forma clara los resultados sangrientos del conflicto bélico… Brazos y piernas cuelgan de los árboles, he visto caer soldados como carne… A pesar del mantra final un tanto risible la canción posee un magnífico trabajo en su estructura melódica, en los contrastes de voz, en las varianzas rítmicas, en la medida en arreglos… Otro corte estilo Arcade Fire.

En la balada folk “All And Everyone” parece llevarnos a Gallípoli con sonidos reverb, mellotron… El ambiente es fantasmagórico y cadavérico… Su voz es emocional pero su efecto no trasciende como en momentos previos a pesar de su apreciable enfoque estructural.

Más sonidos folk en “On Battleship Hill”, otro tema presuntamente basado en Gallípoli que en principio parece cantado por Nana Mouskuri con P. J. adoptando una versión operística sobre ritmo de cítara. Más tarde se acerca a Joanna Newsom. El piano de Mick Harvey sobre rítmicas bases de guitarra acústica es maravilloso en esta pieza.

Un organillo se escucha en el tempo lento “England”, melódica canción acústica con intrusiones étnicas disonantes. Muy Newsom pero no tan cargante.

“In The Dark Places” redunda sus imágenes de soldados muriendo. Medio tiempo monótono que cruza a Arcade Fire con los Waterboys. Voz en lamento, rasgueos acústicos, saxos, leve distorsión en una línea de guitarra eléctrica.

Y más despedidas de jóvenes mujeres de soldados… “Bitter Branches”, el tema más rock del álbum. Dinámicas muted guitars y voz con eco. “Hanging In The Wire” es una delicada pieza lenta con piano y armonías vocales… Fantasmas en la alambrada… Es de lo mejor de la segunda parte del disco.

“Written On The Forehead” es una balada atmosférica con trémulos sonidos de sintetizador, guitarras acústicas y coros tribales, mientras que “The Colour Of The Earth” es un folk que canta sobre la muerte de un joven soldado alternando voces masculinas y femeninas. Bastante rutinaria esta conclusión de un disco iniciado de forma excelente que va perdiendo fuelle en su último tramo.

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