• Por Antonio Méndez

pixies-beneath-the-eyrie-albumCrítica

El tono oscuro de influencia gótica de algunos cortes es lo que más destaca de este disco de los Pixies, el séptimo álbum de su discografía que contó con la producción de Tom Dalgety.
Más allá de eso, “Beneath The Eyrie” es un álbum menor, intrascendente, que alterna la radiofórmula con remedos de su esencial etapa de finales de los años 80.

“In The Arms Of Mrs. Mark Of Cain” es una canción intensa, gracias a la cabalgante batería de David Lovering, en un corte… estoy sano, no estoy enfermo… que mezcla sin variantes que enganchen el post-punk con el surf.

“On Graveyard Hill” es un tema co-escrito entre Frank Black (Black Francis) y Paz Lenchantin con ambiente gótico de brujería en cementerios.
Donna toma su poción.
Es muy peligrosa esta mujer.
La línea de bajo es clásica Pixies, dominante, melódica, con Joey Santiago agitando con su guitarra la simpleza FM del corte.

Frank nos cuenta la historia de un vagabundo en lucha con un pez en una de las varias piezas de ambiente oceánico del disco.
Coge el tren, hombre delgado venido Aberdeen, mira una mandrágora…
Tibio, convencional pop-rock.
Lo mejor es su pegadizo estribillo.

pixies-critica-2019-album“This Is My Fate” es la canción más singular del álbum.
Black, con voz cascada en plan Tom Waits y en ambiente circense, teatral, vodevilesco.
Canción floja de taberna… bebe un trago, amigo, bebe un poco más… con énfasis en la percusión.
Resulta cansina.

El romanticismo surgió con el medio tiempo “Ready For Love”.
Quiero amar y ser amado. Abrazos, besos…
Enciendo tu farol, llueve, no soy vanidoso, abre la puerta.
Repetitiva, olvidable, pop con trazos folk, lo más salvable es el buen solo guitarrero de Joey Santiago.

Un reloj suena en la intro de “Silver Bullet”, balada con sonido sombrío y el protagonismo típico de un errante, en este caso parece un personaje del Oeste.
Busco duelos, me alojo en viejos hoteles, hoy aquí, mañana allá.
La imaginería y la estructura de este folk rock western no está mal.
Entre un crepuscular Neil Young y Ennio Morricone.

Paz vuelve a firmar la autoría con Frank Black en dos temas relacionados con la muerte de una amiga surfista de la argentina llamada Desirée.
El primero es “Long Rider”.
Melódico power pop.
Pasable.

De mayor interés es “Los Surfers Muertos”, cantada por la propia Paz Lenchantin.
Es una balada gótica, oscura, interpretada de forma laxa, letárgica, casi fantasmagórica, dramática… con una fenomenal interacción guitarrera de Joey y Frank, mostrando Santiago sus influencias surf y morriconianas, con toques del Neil Young de “Zuma”.

Cambio de estilo total con “St. Nazaire”, pieza cañera con un Frank chillón al estilo psychobilly de los Cramps.
Perdió su cabeza, pero me gusta su sonrisa.

“Bird Of Prey” tiene un ritmo moderado alegre a pesar de la metáfora agria de ruptura amorosa.
Ave de rapiña, pajarito mío, te escucho ya muy lejos.
Como si Leonard Cohen o Tom Watis grabaran rockabilly con sonido acústico.

… el perfil de la isla de Lord How se parece a Daniel Boone…
Prff.
Aburrida balada “Daniel Boone”, corte en tono melancólico.
La noche pasada, sin nada que hacer, conduje pensando en ti.
Y el tío sonríe.

Fin con “Death Horizon”…
Escapismo veraniego, tumbado en la playa de Waikiki.
Un folk pop en medio tiempo de grata escucha.
Sin más.
La temperatura sube, hace calor.
A dormir.

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