• Por Antonio Méndez

Tercer disco de este interesante combo de Oklahoma, quienes deparan primordialmente pop psico-orquestal con imaginativos arreglos y frescas composiciones que tanto toman de los Kinks como de David Bowie, Beatles o The Move, sin olvidar a sus vecinos los Flaming Lips o de los Blur del “Modern Life Is Rubbish” o “Parklife”, es decir cuando estaban más influenciados por los citados Bowie y Kinks.

En su recorrido podemos hallar efervescentes teclados, arreglos de cuerda, melodías silbadas, sugestivos cambios de tempo, armonías vocales, traviesas guitarras, trompetas, trombones…

Con falsete su vocalista y guitarra Allan Vest abre el álbum con “Pumpkin”, un tema que no quedaría mal en un nuevo álbum de los Scissor Sisters.

“Torts”, canción parrandera con silbidos y sonidos acústicos en formato vals, nos lleva a una de las fusiones clave de su música: los Kinks con David Bowie (sin olvidar a Blur).

“Inside of me” es de lo mejorcito del disco. Éxtasis melódico con una pujante línea de piano y un concepto que mezcla la elegancia de los Zombies con un Ray Davies al frente de un conjunto new wave.

La potente “Pearl’s (Submarine #2) tiene una poderosa línea de bajo y la canción nos devuelve al primigenio power-pop de los Who o los Easybeats, mientras que “Seventeen Devils” es una balada puramente bowieana (sin olvidar a Ray Davies, a quien Bowie imitaba en sus inicios), con arreglos de cuerdas que podría firmar Tony Visconti.

“Rhino Stomp” es un instrumental con campanas de iglesia y amenazadores arreglos de cuerda con cellos con los que se relamería de gusto Roy Wood. Recuerda, además de al “I am The Walrus” de los Beatles, a la indeleble secuencia ebria del Dumbo dysneiano.

“The Killer” es una gloriosa pieza acústica folk-pop con unas deliciosas armonías vocales, sonidos de flauta y una no menos maravillosa melodía. Para quien disfrute con los Youngbloods más pausados o los Caravan del sonido Canterbury.

“Eyes of the night”, con “uuuuuuuuiuuuiuiuiuiu” y enardecidas guitarreras, nos conduce al David Bowie más nuevaolero, mientras que “Drowaton” y “The Bee” muestra su faceta más experimental y su cuidado en los aspectos de producción y arreglos, con teclados excéntricos, percusiones enajenadas, guitarras resonantes, variaciones de tempo, efectos lisérgicos…

“Rosemarie” es un tema deudor de los Beatles psicodélicos, los Move o el primer álbum de la ELO con esos cellos, trompetas y unas obsesivas cuerdas que dibujan un escenario atrapante a través de un ritmo insistente de piano templado en su parte central.

“Sidewalk”, con trompetas climáticas, es una balada épico-psicodélica de corte acústico que cierra el disco recuperando el falsete de la primera canción.

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