• Por AlohaCriticón

Las referencias a Terry Reid se centran generalmente en el consabido “lo que pudo haber sido y no fué”, a saber: cantante de Led Zeppelin y Deep Purple, comparando lo que hubiera le hubiera reportado esta rechazada posibilidad en cuanto a fama, fortuna, etc, con la discreta carrera que ha tenido como solista, confinado al prestigioso pero poco productivo cajón de los artistas de “culto”.

Yo prefiero que haya sido asi, porque al margen de otras cuestiones que poco tienen que ver con el resultado, nos hubiera privado de dos obras maestras del calibre de “River” y el posterior “Seed of Memory” (1.976), puras delicias que permanece aislada y al margén no sólo en la escasa e irregular obra de su autor, sino incluso comparada con la de gigantes como Tim Buckley, John Martyn o Van Morrison, aventureros de los primeros setenta en la busqueda de una gloriosa fusión espiritual a través del folk, jazz, blues, rock, soul.Publicado en la Atlantic y producido -salvo dos temas- por el insigne y recientemente fallecido Tom Dowd, con la garantia en cuanto a entidad y consistencia que esto significa (basta oir la nitidez del sonido 30 años después), diré que me parece uno de los albums más injustamente infravalorados de la historia del rock.

Compuesto como la mayoria en la época del LP con una idea muy clara de cara A y B, reserva para la primera cuatro temas que podemos denominar rockeros con una energia notable y un gran trabajo -ahí están “Things to Try” y “Love Life”- de David Lindley.

Para la segunda de tono intimista quedan tres auténticas joyas : “River”, “Dream” y “Milestones”, en las que guitarra y percusión trenzan un tapiz sonoro para esa voz peculiar, única, que se disuelve, aulla, acaricia y sobre todo EMOCIONA con intensidad de alto voltaje.

Francisco J. de Paz Blanco

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