• Por Antonio Méndez

the bee gees cucumber castleLa gran masa suele conocer a los Bee Gees en su etapa más discotequera, cuando gracias a su falsete conquistaron las listas de todo el mundo con excelentes y bailongos singles como “Night Fever” o “Stayin’ Alive”, pero los indagadores en el pop 60’s saben que lo mejor de su obra, por lo menos a nivel LP, se encuentra en ese decenio, con obras mayores como “Horizontal” y “Odessa”.

Esta etapa se caracteriza por su excepcional talento para la melodía, su acercamiento enfático, honesto, sentimental, a unas escrituras de gradación melancólica y su embellecimiento en la producción y arreglos, que elevaban muchas de sus piezas pop al calificativo de arte (no al pop basura reciclado), desplegado en tendencias de pop barroco o psicodélico, que poco a poco fue tendiendo en los 70 hacia el soft-rock y la citada música disco, mostrando cauces sonoros distintos, pero generalmente menos sugerentes en casi todos los niveles.




“Cucumber Castle” (1970) fue el disco que continuó a “Odessa”, un trabajo en el que los Bee Gees perdieron a Robin, quien decidió partir en solitario para regresar después de grabar “Robin’s Reign”.

Barry y Maurice grabaron un LP bastante aceptable, quizá descansado en demasía en baladas, pero el tono melancólico continúa y la riqueza melódica también permanece, aunque algunas canciones con la plañidera vocalidad de Robin conseguirían incrementar su poderío sentimental.

La primera escucha no consigue impresionar y la sensación que transmite la audición de un puñado de calmos y románticos temas bien construidos, orquestados de manera lujosa, es bastante indiferente.




Posteriormente las melodías comienzan a hacer su efecto y aunque no logran provocar el paroxismo emocional como otros temas de “Odessa” u “Horizontal”, sí que se aprecia el tacto sofisticado y afectivo que Barry y Maurice imprimen a estas canciones de ritmo relajado, principiadas con uno de sus mejores temas, “If I Only Had My Mind On Something Else”, pieza sobre el amor perdido, que define bien las características sonoras y temáticas de todo el disco.

Otros cortes destacados son “IOIO”, notable canción que mezcla el ritmo calypso con el beat de los Hollies; o “Then You Left Me”, una gran balada de suntuosos arreglos, que funcionan bien ya que incrementan la sensación de desamparo del protagonista de la historia narrada.

Los Bee Gees vuelven a acercarse al country-pop, ya sea en plan jocoso con la divertida “The Lord”, o más sentimental en las baladas “Sweetheart”, una pieza bastante vulgar, o “Don’t Forget To Remember”, tema que amalgama con éxito el country con el pop orquestal.




Mixturan el gospel, el pop y el R&B en “Bury Me Down By The River” y se acercan al dúctil folk-pop estilo Simon & Garfunkel en “My Thing”.

Las baladas (el grueso del album), como las apreciables “I Was The Child” o “I Lay Down And Die”, construidas generalmente sobre una triste base de piano y énfasis en la percusión, son aceptables y disfrutables composiciones, en su esencia apasionada cuasi novelesca, aunque a veces resulten poco memorables, como “Turning Tide” o “The Chance Of Love”.

Aunque es un disco muy recomendable para los amantes del grupo, “Cucumber Castle” no es ninguna una obra mayor, pero los Bee Gees, grandes maestros de la melodía, por esta época, eran casi infalibles en la composición pop.

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