• Por Antonio Méndez

La pareja Jace Lasek y Olga Goreas forman el centro de este conjunto psicodélico canadiense que graba en Jagjaguwar, un sello que también ha editado discos de Black Mountain o “Farm”, el estupendo trabajo de Dinosaur Jr.

The Besnard Lakes tienen huellas lisérgicas, progresivas, dream pop, shoegazer, noise pop, ambient… con ecos de los Beach Boys, Cocteau Twins, Galaxie 500, Pink Floyd, Ride

La banda enfatiza la creación de atmósferas con densas capas instrumentales y melodías ensoñadoras, pero la sinergia se desenfoca en ocasiones perdiéndose en la monotonía y en la rutina.

“Like The Ocean, Like The Inocent” es un título dividido en dos partes que evoca pasajes espaciales a lo Pink Floyd. Ahora hacen sonar lamentos de guitarras blues rock y después baterías a lo John Bonham con armonías vocales que recuerdan a Crosby, Stills & Nash. No es la peor melodía del álbum.

En “Chicago Train” se escuchan zumbidos de violines, acordeones, densas capas de guitarras… El falsete recuerda a una de sus principales inspiraciones, Brian Wilson y los Beach Boys en su etapa psicodélico-experimental con un viraje final que conduce al grupo canadiense a la distorsión garajera.

“Albatross”, con voz líder de Olga, es un corte que cruza el psico-pop de Wilson con el noise pop. Trompetas, tempo laxo. Los arreglos vocales son logrados, pero en general la pieza resulta bastante aburrida.

En el medio tiempo “Glass Printer” destaca el uso del bajo y el efecto tormentoso de sus paisajes noise pop. También es sugerente su buen gusto en el trato vocal.

Al igual que hacían en el inicio, vuelven a partir un tema en dos tramos, “Land Of Living Skies”, de nuevo un ejercicio prog rock a lo Pink Floyd. El muro de trémulas guitarras ahoga la voz de Olga. Algo a evitar. Pero el crescendo posee intensidad, algo a lo que ayuda su fibrosa percusión.

Una de las mejores canciones del disco a pesar de cierta monotonía es “And This Is What We Call Progress”, medio tiempo de rock psicodélico con arañantes cuerdas de fondo, punteos blues y distorsión en la guitarra rítmica a lo Crazy Horse.

La parte final, aunque con parciales aciertos en atmósferas, tienen más concepto de jam que de canción con enfoque. Psicodelia dream pop sin la trascendencia ambicionada.

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