• Por Antonio Méndez

the darkness one way ticket to hell album review critica de disco portadaCrítica

Este disco es pura diversión en su reciclaje festivo-coñero del rock 70’s, sonando como si en una coctelera se agitase el glam-rock de los Sweet, el hard-rock directo de los AC/DC, el pop bubblegum 60’s, el power-hard-pop de Cheap Trick, las propuestas FM-afectadas de combos arena-rock setenteros, o los ejercicios operísticos de los Queen de la primera época, mucho menos radioformuleros que los Queen más olvidables de los 80.

En “One Way Ticket to Hell… And Back” (2005), segundo del grupo británico, se prorroga la escasa pretensión de servirse de sus referencias pasadas para construir una decena de cortas canciones (el disco dura poca más de media hora) con contundentes riffs y ritmos, falsetes extremos, estribillos que se adhieren y no se despegan durante días, baladas épicas con lujosos arreglos, y textos que obvian esnobismos baratos y cripticismos autocomplacientes y describen las clásicas historias de desamor con letras manidas hasta la saciedad (o suciedad) que no le interesan a nadie (seguro que ni siquiera a ellos) pasando por preocupaciones ridículas por la alopecia o evocaciones femeninas con atmósferas escocesas.

El disco, producido por el veterano Roy Thomas Baker (quien conoce todos los trucos dentro de los sonidos rock), se inicia con “One Way Ticket”, corte con un riff guitarrero demoledor del que los mismísimos hermanos Young estarían orgullosos.

El puente recuerda mucho a los Sweet más jaraneros (es decir, a los estupendos Sweet de siempre), el falsete operístico-exagerado, cuasi paródico, el concepto pomposo-wagneriano del hard-rock, remedos de sitar, algún toque Cheap Trick, otro Slade, también Queen, Foreigner… y un estribillo en su simpleza muestra la base del rock’n’roll en la comunión enérgica de su ejecución con la parroquia. Un tema rock para explosionarlo en vivo y gozarlo a tope.

El sentido del humor y la significación himno-festiva del grupo aparece también en “Knockers”, pieza “acedeciana” llena de ritmo con pujantes seis cuerdas, partes de piano y estribillo pegadizo-tontorrón con hiperfalsete.

“Is It Just Me?” es rock’n’roll vitaminado con riffs de impetuosas guitarras, armonías vocales, un ardoroso solo, y mixtura entre Cheap Trick, Poison y los Sweet.

En “Dinner Lady Arms” se ponen románticos. Suena como si Duran Duran hiciesen hard-rock con buenos punteos guitarreros y estribillo-himno de rock de estadio.

La primera balada épico-orquestal del disco, muy adornada con cuerdas y con una melodía bastante plausible, es “Seemed Like a Good Idea at the Time”. Para levantar el mechero y abrazar al mozo o la moza de al lado en el concierto.

“Hazel Eyes” parece llevarnos al Extremo Oriente en su intro (y en alguna expresión vocal) pero su esencia es pasearnos por Escocia con algún eco folk celta a lo Led Zeppelin con las guitarras simulando gaitas y desparrame vocal en el estribillo.

La letra de “Bald” hay que escucharla para creerla. En contraste con el texto humorístico, la pieza consigue una lograda atmósfera amenazante a lo Black Sabbath con armonías épicas, pesados ritmos y trallazos metaleros.

Uuuuuuuuuaaaaaaaaahhhhhhh!!! Esto es rock’n’roll mezclado con pop bubblegum de los 60. Como amalgamar el rock de Chuck Berry, el bubblegum de Tommy Roe o los Ohio Express y el boogie-rock 70’s más lúdico.

En “English Country Garden” se aprecia claramente la influencia de Queen. Esas armonías vocales pomposas-operísticos con base rockanrolera. Posee intensidad, transmite energía, dinamismo, diversión… ¿Qué más se quiere?

En la última pieza se poner serios (rompen demasiado el tono de los temas previos) y vuelven a grabar otra balada orquestal en plan opera-rock de Broadway a lo Freddie Mercury pero sin Montserrat Caballé.

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