• Por AlohaCriticón

Con apelativo artístico sacado de un excelente spaghetti western de Sergio Leone (cambiando al feo por la reina), varios conocidos nombres se han unido para crear este grupo que encuentra a Damon Albarn, conocido líder de Blur y Gorillaz, con el bajista de los Clash, Paul Simonon, y el guitarra de The Verve, Simon Tong. Acompañándoles en las baquetas, el veterano batería africano Tony Allen.

A pesar de las proposiciones previas de elevado ritmo de varios de sus componentes, nacidos en el punk (Simonon) o el funk (Allen), este primer trabajo de los The Good, The Bad & The Queen es bastante calmadito con un énfasis en atmósferas y las típicas texturas melancólico-taciturnas de ligazón orgánica-electrónica que atiborran el mercado tras el éxito de Radiohead, y que en ocasiones en este trabajo, consigue rememorar algunas esencias de algunos de los mejores y más eclécticos discos de Blur, “Modern Life Is Rubbish” y “Parklife”.

El álbum posee pasajes interesantes, con curiosas conjunciones de tempos intrigantes, ambientes foscos, mimimalismo instrumental, coros que enfatizan la oscuridad de algunas piezas, y sonidos muy heterogéneos, que viajan de los ambientes psicodélicos y progresivos de los Moody Blues de Justin Hayward (sin la originalidad de éstos) al brit-pop 90’s pasando por las usuales trazas circenses de Albarn y sus ecos de los Kinks o Beach Boys, la new wave en su enfoque más art-pop, o las tonadas folk con lírica de introspección pero de escasa consecuencia temporal.

No obstante, a pesar de la diversidad de arreglos, el álbum ofrece una monotonía rítmica y un excesivo interés en las atmóferas que desenfoca otros aspectos de composición, llegando a hastiar por su vacuidad en esencias y su alta afectación.

Ello no es óbice para el disfrute comedido de temas como “Northern Whale”, historia ballenera con simplista y robótico teclado y cierta candidez melódica, “Herculean”, con voz distorsionada a través de megafóno y lograda atmósfera de orientación apocalíptica, y “Green Fields”, canción con óptimo empleo de voces rebautizada y recuperada del magistral “Before the Poison” de Marianne Faithfull (la canción se llama “Last Song” en ese álbum).

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