• Por Antonio Méndez

Crítica

Gran álbum doble de los Kinks, con una parte esencial, que contiene sus nuevas composiciones en estudio, y otra más prescindible, grabada en directo en el Carnegie Hall neoyorquino bajo una pródiga carga alcohólica, como era habitual en las giras del grupo de los hermanos Davies.

Los temas de estudio, que intentan rememorar desde un punto de vista conceptual el diario de viaje de la gira del conjunto, resultan espléndidos en sus ingeniosos retazos vitales llenos de ironía y emotividad, con joyas del calibre de “Celluloid Heroes”, probablemente el mejor tributo musical al cine clásico, y “Sitting in my hotel”, una emotiva reflexión sobre la fama y las raíces.

Dejando al margen su faceta seria, Ray desarrolla su característica sorna con especial pujanza en la alegoría gastronómica gracias a temazos del calibre de “Hot Potatoes”, “Maximum Consumption” o “Motorway”.

Viajes espaciales, la monotonía de la gira, el escepticismo existencial o la mordacidad crítica al negocio musical se dan cita en un muy infravalorado álbum con sonidos humedecidos en metal que viajan desde el vodevil hasta el country, el jazz o el rock.

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