• Por Javier Platas

Crítica

Una de las muchas obras maestras con que The Kinks en general, y Ray Davies en particular, enriquecieron el ya de por sí productivo panorama musical del momento.

Este disco supone para la banda el cierre de un glorioso ciclo (el de los 60) y la apertura de otro quizá no tan fructífero pero sí muy disfrutable y que merece la pena redescubrir.

Aquí Ray Davies nos ofrece bajo su cínico e irónico punto de vista una aguda y mordaz reflexión sobre las argucias y triquiñuelas llevadas a cabo por los mánagers y representantes de los sellos discográficos para elevar a un artista al estrellato aprovechándose posteriormente de los beneficios económicos generados por éste.

Todo ello aparece muy bien reflejado en temas de influencia cabaretera como “Denmark Street” o la espléndida “The Moneygoround” y en canciones de arquitectura más rock como “Top of the Pops” (con un riff inicial que recuerda mucho al de “Louie Louie”), la extraordinaria “Powerman” o “Rats”, escrita por Dave Davies, quien igualmente deja su huella como compositor en una memorables balada titulada “Strangers”.

Si a esto sumamos inolvidables composiciones de irresistible encanto como el inmortal clásico “Lola”, “Ape Man” (simpática crítica a la evolución de la especie humana) o “Get back in the line”, obtendremos como resultado un disco ejemplar dentro de una asombrosa carrera de una de las más fascinantes formaciones de todos los tiempos.

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