• Por Antonio Méndez

the mars volta frances the mute cover portada disco albumCrítica

Mars Volta se han convertido en los puntales del rock psico-progresivo del siglo XXI. Después de su debut revelación, el ambicioso “De-Loused In The Comatorium” (2003), con letras en base al flujo de conciencia y música con influencias de Led Zeppelin, Santana, Rush o Yes, el grupo texano, comandado por Cedric Bixler Zavala y Omar Rodríguez, vuelve a mostrar su fusión de música acid-rock, prog-rock, hard rock, neopsicodelia, space-rock, free jazz, sonidos latinos y funk. Son altamente pretenciosos en estructuras y concepto, pero se aprecia talento en composiciones espaciales, exaltadas, imaginativas, lisérgicas.

En “Frances The Mute” se reiteran todas las claves del primer disco, quizá con, lo que ya es decir, mayor ambición, lo que en una primera escucha, y en una segunda, llega a tocar un poco… bastante… los huevos, por su automplacencia. Pero no, estos tíos saben tocar instrumentos y juntar con cierta inteligencia letras singulares, aunque sean de manera semiautomática, hecho que ya los distancia un tanto de muchos otros, especialmente los que van de trascendentes en sus textos y que no son más que mierda pinchada en un palo.

En una tercera escucha para unos, en una quinta para otros, jamás para algunos, se comienzan a apreciar las diferentes vertientes sonoras, los múltiples y explosivos recovecos instrumentales, los viajes de alucinación de esta pareja, seguramente bien montada en estupefacientes, con composiciones, algunas, de más de diez minutos con diversas varianza rítmica, musculosa, expresiva instrumentación que tanto aborda apariencias acústicas como eléctricas, apariencias hard, psicodelia, prog-rock, jazz o funk, solos excelentes de guitarra, frases en español sin sentido (“Sangre, soñando, de rabia nací”) y atmósferas y textos llenos de oscuridad con extraños títulos de canciones…

“Cygnus…Vismund Cygnus”, la apertura de un álbum que cuenta con colaboraciones de gente como Flea, John Frusciante, Lenny Castro o Roger Manning, es uno de sus mejores temas, de extraordinario desarrollo, al igual que la balada “The Widow”, con una larga coda hiperlisérgica, “Cassandra Gimini”, caótica pieza de exultante disposición eléctrica neopsicodélica con atractiva alternacia de tempos y pasajes vocales a lo Tom Waits, o “L’Via L’Viazquez”, hard rock progresivo con ascendencias de Led Zeppelin y Santana y una buena parte del tema, con trazos latinos confrontado la calidez de los ritmos con las explosivas guitarras rockeras, cantada en español: “L’ Via, hija de Miranda, tu apellido se cambió, L’ Via, sin ojos me quieres dar, una historia sin mi madre…”

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