• Por Antonio Méndez

Crítica

Omar Rodríguez-López y Cedric Bixler-Zavala son la esencia de este proyecto progresivo-experimental surgido en California a comienzos del siglo XXI.

En sus sonidos cabe de todo, desde el psicodélico space-rock al hard-rock pasando por el jazz-rock, el funk, el metal o el hardcore.

No se puede negar la heterogeneidad y complejidad de la propuesta con esa sinergia de estilos y unos textos de original imaginería. En esta ocasión todo parte de las consecuencias revelatorias de una tabla ouija que (parece ser) adquirieron en Jerusalén.

A raíz de ello construyen un rollo macabeo en su texto (que ellos entenderán) e inciden en la creación de atmósferas ominosas y espectrales, con un sentido catártico-exorcizador derivado de sus encuentros adivinatorios y ocultos con referencias bíblicas.

mars-volta-foto-criticaEl disco es denso, la simbiosis del grupo suena ya un tanto formularia, y resulta melódicamente escaso, pero poseen arrojo rock, técnicamente son músicos de primer nivel, y algunas piezas poseen notable interés, entre ellas el apabullante y sensacional corte de ocho minutos “Metatron”, con variantes de mérito; o “Ilyena”, en donde el funk y la psicodelia con expresiones agudas toma centro principal de su fusión.

El hándicap de los Mars Volta es que se ven atrapados en estructurar sus composiciones en torno a la bizarría de la mezcolanza que les define como grupo, y pierden en ocasiones el enfoque más allá de tal mezcla, la artificiosa conceptualidad lírica, y la orgía sobreproducida vocal e instrumental.

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