• Por AlohaCriticón

Después del irregular “Bridges to Babylon”, los Rolling Stones retoman con “A Bigger Bang” una buena parte de la inspiración y energía que les llevó a convertirse en uno de los nombres esenciales de la música rock, ofertando una colección de notables piezas de intensa ejecución instrumental y vocal, con afiladas y poderosas guitarras, acentuado y eficaz pulso rítmico, expresivas armónicas y voces que tanto esgrimen pesadumbre emocional con lamentos agriados, como júbilo vital de expresión chulesca, o puntuales diatribas sociopolíticas, ensartadas en sonidos blues, rock’n’roll, pop o funk.

“A Bigger Bang” no alcanza la magnitud de su última gran obra maestra, “Some Girls”, está bastante lejos de la mejor etapa de su carrera, los años 60 y comienzos de los 70, y tampoco iguala el satisfactorio resultado del infravalorado y magnífico “Tattoo you”, probablemente el último álbum con sonido puramente stoniano sin concesiones excesivas al rutinario sonido radiofórmula, pero es uno de los trabajos más disfrutables, junto con algunos pasajes del meritorio “Voodoo Lounge”, que los Stones han realizado en los últimos treinta años, a pesar de que bastantes de sus composiciones no estén a la altura de su mejor período. Pero bueno… ¿quién hoy en día está a la altura de los Rolling Stones de los 60 y 70?.

El álbum se abre con “Rough Justice”, canción explosiva que define la actitud y el padrinazgo del grupo londinense en la música garajera, con guitarras enardecidas (Jagger y Richards en las guitarras eléctricas, Ron Wood en la slide eléctrica), firme sección rítmica, y agresiva expresión vocal con asunto de persuasión sexual. Gran y bullicioso tema inicial.

En “Let me down slow” la voz se sosiega y en conjunto la pieza adopta tonalidades más pop-rock con algún eco country-rock, destacando el trabajo en la slide de Wood. Se trata de un discreto corte con un aceptable trabajo melódico y un pegadizo estribillo.

“It Won’t Take Long” es uno de los mejores momentos del disco. El clásico y simple riff richardsiano lleno de crudeza y distorsión engancha desde la primera escucha y la interacción y atmósfera lograda entre las tres guitarras de Mick, cantando de manera espléndida, Keith y Ronnie, resulta harto estimulante en esta pieza de ruptura sentimental.

“Rain Fall Down”, un corte disco-funk con un buen trabajo en el bajo de Darryl Jones, es la antesala del single “Streets of Love”, una balada triste y emocional, típica del último Jagger, bien construida pero demasiado FM. Cuenta con la participación en los teclados de Chuck Leavell y Matt Clifford, quien también se encarga de arreglar las cuerdas. Está muy lejos de “Angie”, “Wild Horses” o “You Can’t Always Get What You Want”, por decir algunas de las magistrales baladas salidas de la escritura de Jagger/Richards.

Sorprende positivamente “Back of My Hand”, blues negro que rememora sus primeros tiempos en el Marquee y las influencias en su música de mitos como Elmore James, Howlin’ Wolf o Robert Johnson. Jagger se luce en la voz, en la armónica y en la slide guitar. Y en el bajo. Y en la percusión. Está muy activo Mick en este álbum. Puro y magnífico sentimiento blues.

“She Saw Me Coming” es un título, especie de blues-funk-rock, con voz chulesca, sentido del humor, guitarras crujientes y estribillo simplón pero propicio al contagio del respetable. Jagger es el encargado de tocar el bajo en este jaranero tema que cuenta con un Charlie Watts recio y consistente. Siempre efectivo el bueno de Charlie.

En “Biggest mistake”, medio tiempo romántico pop de base bluesy, Jagger parece echar de menos a Jerry Hall. Resulta genérico pero el desarrollo melódico no es desdeñable con Keith acompañando a Mick en el estribillo.

Richards canta “This place is empty”, la típica balada que suele colar Keith en cada disco. Sentimental, base de piano y ecos country (aprendidos de su gran amigo Gram Parsons), no es de los peores cortes lentos que el guitarrista ha escrito en su carrera. Jagger aporta armonías en el estribillo y toca la slide guitar. No está mal pero se echa de menos al Keith de temazos como “T&A” o “Before they make me run”.

“Oh no not you” recupera la energía rock. La voz de Mick es fibrosa, rabiosa, el ritmo no cede nunca en su intensidad y las guitarras de Ron Wood y Keith Richards echan chispas. Fenomenal canción, una de las cumbres del álbum.

Las guitarras aguzadas prosiguen en “Dangerous Beauty”, potente medio tiempo rock con Jagger vitaminando el bajo y tratando con una mujer con correa. Goce sadomasoquista.

En la balada con resonancias soul-blues “Laugh I Nearly Died”, Mick adopta el falsete para ubicarnos en este recorrido de búsqueda existencial desde la soledad. Buen tema, buena atmósfera, superior interpretación vocal.

“Sweet Neo Con” es una canción de carácter político y base blues-funk. El texto es explícito dedicado a George Bush: “Te haces llamar cristiano pero no eres más que un hipócrita, dices que eres un patriota pero para mí eres un montón de mierda”. De nuevo Mick, al que no se le puede decir que no sea directo, saca su armónica para demostrar su habilidad en el instrumento.

La parte final del disco es de lo mejor del mismo. “Look What the Cat Dragged In” es un magnífico rock’n’roll con dosis funk, “Driving too fast” excita los sentidos con su implacable dinamismo y posee un brillante estribillo, propicio para cantar con Jagger y disfrutar al máximo en los gloriosos e inolvidables directos de los Stones.

El fin del LP está cantado por Richards con “Infamy”, en donde Keith nos regala un hechizante riff de guitarra. Se trata de un tema de oscura atmósfera, con Mick haciendo sonar de manera estupenda su armónica, que si tuviese un desarrollo menos lineal sería una pieza al nivel de las citadas gemas “T&A” y “Before they make me run”.

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