• Por AlohaCriticón

Brett Anderson y Bernard Butler vuelven a trabajar juntos después de romper su relación en Suede tras “Dog Man Star”. Su nuevo proyecto es The Tears, un grupo, con Nathan Fisher al bajo, el japonés Makoto Sakamoto a la batería y Will Foster a los teclados, que se asienta, como antes, en las actitudes y sonidos glam-rock de los maestros de los 70, T. Rex o David Bowie, y el jangle-pop de los Smiths, con Johnny Marr como principal referencia para la guitarra de Butler, un fanático del grupo de Morrissey y compañía.

Su debut, “Here comes The Tears” (2005), proporciona una retahíla de canciones de cariz épico-sentimental, sofisticadas y pulidas en sus arreglos, con textos románticos que en sus peores momentos parecen ser escritos por un alumno enamorado de la extinta EGB por sus metáforas y simbolismos bastante baladíes.

Pero bueno, las piezas, generalmente baladas o medios tiempos, tienen cierto feeling a pesar de resultar formulistas y poco memorables, la guitarra repiqueteante de Butler reviste con profesionalidad pero sin excitación las historias de Anderson, siempre afectado a lo Bowie más artificioso en su expresión vocal, y el conjunto posee una envoltura taciturna pero optimista y relajada que rememora de manera bastante positiva y emocional ligazones pasionales de dependencia, evasiones de amantes o momentos parejiles marcados por la dicha y el gozo común.

Le faltan al disco mayor viveza y carácter, y, sobre todo, temas sobresalientes, de esos que tras una primera escucha permanecen en la memoria y provocan durante largo tiempo una vuelta constante a los mismos para su goce y disfrute.

No obstante, algunas canciones resultan moderadamente satisfactorias, en especial “Refugees”, la guitarra marriana de “Autograph”, “Beautiful pain”, o “Lovers” (con reminiscencias claras de Marc Bolan pero sin el glamour de éste), pero no hay ningún corte que tenga vocación de clásico, más bien de cara b de sus mejores temas, y que se eleve de su naturaleza pop de corte lijado y lujoso con letras anoréxicas sobre asuntos románticos con alguna línea risible, texturas recicladas de previos trabajos que palidecen ante sus influencias (T. Rex, Bowie, Smiths…), melodías sin gran inspiración y profusión de tempos lentos sin lograr atmósferas demasiado cautivadoras.

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