• Por Antonio Méndez

Crítica

Rod Argent y Colin Blunstone, con alguna que otra aportación vocal de Chris White, volvieron a colaborar juntos tras “Out Of The Shadows” (2002), pero ahora, de manera errónea, bajo el nombre de The Zombies. Es decir, que este “As Far As I Can See” (2004) sería la continuación del ya mítico “Odessey & Oracle”, una de las grandes joyas del pop barroco y psicodélico de todos los tiempos.

En el álbum no hay pop psicodélico ni barroco, sus melodías se asientan más en el soft-pop, el jazz y en las tonadas pop orquestadas a lo Tin Pan Alley que en otra cosa. La voz de Blunstone, una de las mejores de la historia del pop, retiene gran parte de su sugestión, y a Rod Argent no hay cristiano (o de otra creencia o sin creer o por creer) que le enseñe a tocar cualquier tipo de teclado o piano. Junto a Rod, con una pinta propia de un treintañero, y Colin, un tanto más ajado fisicamente, también encontramos en el bajo a Jim Rodford, primo de Rod y ex miembro de Argent y los Kinks, y a la batería de Steve Rodford, se supone que otro primo de Rod. Lo que es de buen detalle es incluir a Paul Atkinson, subestimado y magnífico guitarrista de los Zombies, como A&R tras su fallecimiento el 1 de abril de 2004, poco tiempo antes de editarse este “As Far As I Can See”.

En la voz y la habilidad en los teclados no hay cambios pero la composición no está al nivel del clásico Argent, además de que los arreglos y la producción carece de la creatividad y la magia del pasado.

A pesar de ello, Rod escribe alguna que otra melodía de cierta valía, como la preciosa balada “I Want to Fly”, en donde su piano, los exquisitos arreglos de cuerda, el tono épico-melancólico, y la susurrante voz de Colin (también suena la de Chris White), terminan subyugando al oyente con algún criterio.

Otros cortes escuchables del LP, todos compuestos por Rod Argent menos uno por Russ Ballard, son “Time To Move”, en donde rememoran sus inicios con los Zombies al ejecutar una pieza rock’n’rollera sin la crudeza garajera de la época pero con la suficiente energía como para retomar algunas pautas pretéritas; las baladas “Memphis”, un tanto a lo Elton John con el toque melódico de Argent; y “I Don’t Believe in Miracles”, la única canción no escrita por Argent, en la que Ballard (que escribió el tema a comienzos de los 70 para Blunstone y su LP “Ennismore”) parece estar más cercano al espíritu final de los Zombies que lo que oferta ahora el propio Argent (sublime autor de joyas como “A Rose For Emily” o “Care of Cell 44”), quien arregla con suntuosidad el tema con cuerdas y voces.

Se echa de menos una mayor implicación de Chris White en el álbum y que formase de nuevo equipo con Argent después de colaborar juntos tanto en los Zombies (en donde firmaban y solían componer por separado) como en Argent (en donde escribían y firmaban conjuntamente, ocupandose también ambos en tareas de producción tras desechar Chris seguir tocando el bajo).

No es un disco que entusiasme ni mucho menos (la mejor canción es “I Want To Fly”) y está a años luz de lo hecho por los Zombies en los años 60 (algo esperado), pero por lo menos es más compacto que el “Gettin’ In Over My Head” (2004) de Brian Wilson.

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