• Por AlohaCriticón

Es el momento ocurrente, en que Tim Buckley creó su mayor obra en cuanto al riesgo asumido por plasmar sus intereses musicales sin mayores prejuicios. Es posiblemente su obra más deliciosa, y una de las obras más arriesgadas de un songwriter y un experimentado folkie. Desde su misterioso comienzo con “Come here woman”, el disco se envuelve en variadas mantas de estilo, misticismo, sacrificio, una obra de misterio indescifrable. Canciones como “Monterey” o “Jungle Fire”, encantan con su variante en ritmos ancestrales, poesía surrealista, las variaciones vocales y estilísticas en la voz de Buckley (ninguna voz aun pudo compararse con los riesgos que corría su gargante a punto de estallar) Lo más tradicional al estilo de su composición se puede escuchar en canciones tales como “Moulin Rouge”, una dulce Chanson francesa con un excelente arreglo de trompeta (ejecutada por Buzz Gardner, ya conocido por sus colaboraciones en obras mastodónticas de Frank Zappa) y en una de las más grandes composiciones de todos los tiempos, donde un ambiente de ensueño nos hace fluir junto a la voz de Tim Buckley que logra hacernos perder en sus propias mareas, esa es “Song to the siren”. La composición más experimental es la que da nombre al disco, donde una y otra y otra voz de infinita multiplicidad nos llevan a una extraña galaxia de la cual solo Tim tenía conocimiento. “The Healing festival” es otra canción basada en ritmos africanos, donde los vientos soplan al ritmo de la locura frenética. El disco cierra con “Down by the borderline”, la concepción de que Buckley logró atravesar la barrera compositiva para ubicarlo en pose de un Troubador que era sirviente de dioses aun desconocidos para el mundo occidental.

Ulysses Young Mervyn.

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