• Por Antonio Méndez

Sólo un año después de “The Boy With No Name” tenemos aquí de nuevo a los Travis de Fran Healy exhibiendo su artesanal propuesta de canciones pop-rock de fácil escucha, con influencias de la épica de U2, los sonidos de los 60 o el brit-pop de Oasis y similares.

Innegable, dentro de un catálogo de canciones bastante homogéneo, su capacidad para la melodía y su intensidad emocional en tonos nostálgicos-agridulces, donde no faltan los manidos escenarios de angustia existencial (desde la mansión de lujo) o los lamentos románticos.

“Chinese Blues”, medio tiempo que destaca por el riff de piano sobre un muro sónico de percusión insistente y guitarras fuzz, describe con voz dulce y laxa el usual escenario pseudoapocalíptico de este tipo de bandas, con estampas nevadas y personajes intentando comprender lo que no entiendan. No es de lo peor del álbum.

“J Smith” se inicia con una base soul-funk y ecos del “On Broadway” de los Drifters (filtrado por la versión de Neil Young), guitarras angulares y a mitad de camino una especie de cánticos religiosos con juegos vocales a lo Zombies. Tan ambiciosa como indiferente.

En el single “Something Anything” aceran guitarras sobre un texto de creencias y esperanzas en una construcción post-grunge con un fenomenal estribillo.

“Long Way Down” mezcla a los Oasis de “Definitely Maybe” con los Kinks y el glam-rock de comienzos de los 70, mientras que “Broken Mirror” es un corte de fosca atmosfera influenciado por los Doors (que no es mala influencia).

“Last Words”, country-pop con sonidos de retozón banjo sin nada especial a pesar de su cálido y pegadizo estribillo y un sonido que mezcla a los Jayhawks, A-Ha y U2.

“Quite Free” es un tema jangle-pop con guitarras repicantes. El falsete con búsqueda de énfasis emocional les acerca a lo que oferta Coldplay, pero ubicándose en una historia banal sobre liberación adolescente.

Coldplay, Keane u otros de corte parecido, podría también interpretar “Song to Self”, canción formulista y manifestación rutinaria del híbrido U2-Radiohead.

“Get Up” es un relleno difícilmente soportable que aparea el hip hop con Neil Young, mientras que en “Friends” vuelven la influencia de los Doors, ahora con retazos pop-rock de Sting.

El disco termina con “Before You Were Young”, balada de piano de cierta belleza melódica y arreglos con aspiraciones épicas. No es mal fin de álbum.

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