• Por Antonio Méndez

En la parte final de los años 90 surgió en Glasgow la banda Travis, un conjunto liderado por Fran Healy sin demasiada singularidad y demasiado formulista para trascender históricamente. Esto no es óbice para que su propuesta sea siempre de canciones de  meritoria construcción pop, delicada, taciturna, suave; soft-pop épico-íntimo de apreciables melodías y notable sensibilidad romántica, en ocasiones cautivadoramente ensoñadora, que recuerda a una amalgama entre Radiohead, Smiths, Beatles, U2 y A-ha, y que fue remedada posteriormente, con básicamente las mismas propuestas, por conjuntos de éxito como Coldplay o Keane.

En su quinto disco sus fans no quedaran decepcionados, ya que prorrogan sus pautas ya conocidas con historias de tintes melancólicos, nostálgicos, estampas urbanas generalmente nocturnas y personales, que nos trasladan a pequeñas ciudades donde el mutismo domina la comunicación, a insomnios con recuerdos obsesivos, a historias de pugna sentimental, a momentos lacrimógenos, a situaciones casuales que puedan cambiar nuestra vida en un encuentro, a regeneraciones con la llegada del alba, a recuerdos al cineasta François Truffaut, al compositor Bob Dylan o al pintor Basquiat.

Con las escuchas sus piezas van ganando enteros gracias a su artesanía pop, de cierta sofisticación y fondo emocional, con cálidos sonidos acústicos y voces dulces con ocasión puntual para el falsete, creando melodías tan encantadoras como las escuchadas en “Big Chair”, pieza de incontestable valía pop con texturas oníricas, sentido épico de la expresión romántica en historias de desamor, y una estimulante línea de hirviente bajo en la intro; y el single “Closer”, medio tiempo de apoyo afectivo y búsqueda de segunda oportunidad iniciada con guitarra acústica.

En el álbum también se pueden escuchar canciones como “Selfish Jean”, en donde se copia por enésima vez el ritmo del “Lust for Life” de Iggy Pop; “Battleships”, pieza de conflicto amoroso en donde el falsete acentúa la emocionalidad de la manifestación vocal; “Eyes Wide Open”, en donde electifican su sonido con tempos tribales y veladas aposturas funk-rock; “My Eyes”, con luminosos sonidos jangle-folk-pop; “Out in Space”, tema que podría ser un desecho folkie del blanco de los Beatles; o “Colder”, en donde llegan a hacer uso del vocoder.

No se desapegan de su formulismo melodramático pero ojalá todos los formulistas y menos formulistas tuviesen esta habilidad melódica, la elegancia en la ejecución, y la sensibilidad suficiente para la evocación emocional de Travis.

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