• Por AlohaCriticón

1.- Las cartas boca arriba: no es este mi disco favorito de las Vainica, ni siquiera me parece el más representativo de su lamentablemente escasa obra, pero le tengo un cariño especial, quizás por ciertos detalles sentimentales (esa impagable portada de Zulueta- que se aprecia sobre todo en LP-, algunas letras como las de “El oso poderoso” y “Que no”, el sonido acústico muy 70’s,…) y eso es o debería ser más la razón más que suficiente: definitiva. No obstante, existen también razones poderosamente objetivas para amar este albúm.

2.- En 1976 el ambiente músical nacional aún no estaba suficientemente normalizado-¿ lo ha estado alguna vez?- para que el público consumidor de música popular, aceptara con naturalidad la coexistencia de distintas tendencias como el rock urbano, los cantautores y grupos latino americanos fuertemente politizados, los grupos de fusión, etc, con otras propuestas singulares más abiertas a la experimentación y dificiles de encasillar. Y aún menos para canciones surreales que hablaban de represión, ecologismo, educación,…, con recursos literarios muy superiores a los habituales y por ello -¡estas sí!- manifiestamente subversivas. En este contexto hay que sitúar la serie Gong de Movieplay impulsada y producida por Gonzalo Garciapelayo, al que alguna vez habrá que reivindicar como se merece, en la que se publicaron, entre otros, los primeros y en algunos casos únicos discos de Triana, Granada, y joyas como “A la vida, Al dolor ” de Gualberto y este disco verdaderamente a “Contracorriente” de Vainica Doble. No estaban los tiempos para aventuras y , savo excepciones, el fracaso comercial fué total, a pesar del apoyo de la critica- recuerdo las de las entrañables publicaciones Ozono y Disco-Express.

3.- Carmen y Gloria no grababan desde el maravilloso “Héliotropo” de 1973 en Ariola producidas por J. M. Caballero Bonald, y sus letras habían adquirido unos tintes de frustración y desesperanza que se advierten especialmente en varias canciones como “Alas”, “La rabieta”, o “Todo desapareció”.

Únicamente “Déjame vivir con alegría” respiraba optimismo y al ser la penúltima canción, parecía dejar un resquicio a venideros tiempos mejores. Musicalmente los arreglos de Limón Express eran casi insólitos en un disco español de aquella o cualquier época: la slide guitar, las guitarras acústicas, el tratamiento adecuado por moderado de la bateria- el instrumento que más discos ha destrozado literalmente en la historia del pop nacional-, los toques flamencos de “Eso no lo manda nadie”… A esto hay que añadirle algunas sugerentes colaboraciones de músicos de la escudería garciapelayiana como el mencionado Gualberto, Carlos Cárcamo (Granada) o Hilario Camacho, y un sonido limpio grabado por Pepe Loeches en los estudios Kirios, en los que se han grabado más discos excelentes de los que uno imagina. Escuchando más de 27 años después el resultado, creo que el implacable veredicto del tiempo ha sido favorable: han remontado la corriente y su disfrute está asegurado para los próximos 30 años.

Francisco J. de Paz Blanco

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