Probablemente, la cumbre como novelista de Juan Valera, en donde, con un admirable estilo, supo plasmar con intensidad y belleza las emociones de los protagonistas de este romance decimonónico.
El joven seminarista Luis de Vargas se enamora de una hermosa e inteligente viuda llamada Pepita Jiménez, también deseada por su padre, Don Pedro de Vargas. Los sentimientos de preocupación moral de Luis, derivados de su vocación eclesiástica y su amor terrenal por Pepita, vendrán definidos de forma epistolar, con el envío de cartas a su tío el deán.