• Por Antonio Méndez


Dirección: Diane English.
Intérpretes: Meg Ryan, Annette Bening, Eva Mendes, Debra Messing.

Película basada en una obra teatral de Clare Booth Luce. Con guión de Diane English (“Timbuktu”).

Sinopsis

Mary Haines (Meg Ryan) lleva una vida feliz hasta que se entera que su marido le engaña con otra. Sus amigas, encabezadas por Sylvia Fowler (Annette Bening), corren a su rescate emocional.

Crítica

the-women-foto-criticaEn el año 1939 el director George Cukor reunió a varias de las principales actrices del momento (Norma Shearer, Joan Crawford, Paulette Goddard, Rosalind Russell, Mary Boland, Joan Fontaine…) para rodar una punzante obra teatral de Clare Boothe Luce que planteaba una trama sarcástica en torno a problemas sentimentales con el protagonismo de diversas mujeres de la alta sociedad.

La debutante Diane English retoma el material de Boothe a la par que manifiesta deuda directa del guión escrito para Cukor por Jane Murfin y la talentosa Anita Loose, con Meg Ryan interpretando el papel de Norma Shearer y, entre otras, Annette Bening encarnando el personaje que bordó en la primera película una magistral Rosalind Russell.

La película, co-producida por la propia English y el cantante Mick Jagger, no tiene comparación con la de Cukor ni en el estilo, ni en el ritmo, ni en la creación de situaciones, ni en la mordaz interacción femenina, ni, sobre todo, en el tono malicioso, ya que no retiene su incisión maléfica y sarcástica sobre el adulterio, la aparente amistad, el gusto por la desgracia ajena y el cotilleo insano.

Aquí tenemos un blandengue corro de féminas en tertulias asépticas con enfoque telefilmesco y personajes tan superfluos como desperdiciados (no hay más que cotejar la incidencia de Mary Boland en la película de 1939 y la de Bette Midler en parecido papel en esta versión), a los que le falta la mala baba del film original y de la obra satírica de Clare Boothe Luce.

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Meg Ryan
Annette Bening
Eva Mendes
Debra Messing
Candice Bergen
Bette Midler


Triste adaptación de la obra de teatro escrita por Clare Boothe, aquella que ya había tenido una excelente adaptación a la pantalla grande con George Cukor como director y un estimable número de actrices reconocidas por su talento.

Las nuevas mujeres del nuevo siglo aparecen pintadas en esta película como un cúmulo de clichés dados a la compra y venta de artículos de diseñador, así como un gusto nada ácido o inteligente por la destrucción masiva, es más, no existe modernización del concepto “mujer de la alta alcurnia”, nada más allá de la introducción de ciertos fetichismos por la ropa, los desayunos y los bolsos caros ¿realmente así ve a las mujeres la directora Diane English?

A finales de los años treinta el maestro Cukor logró explorar la visión femenina, que si bien se sustenta en algunos clichés, también los realza y convierte en algo interesante: una sátira que se apega a la realidad, una crítica al sexo femenino así como un halago un poco mal intencionado que habla acerca de la sobrevivencia social, la jungla de féminas que se extiende desde el hogar hasta el spa, rozando lo irónico, mordaz e intelectual.

La nueva versión se presenta plana y de poco interés, con cierto parecido a un telefilme, algunas actrices de gran calado y otras más de buen ver, donde Annette Bening logra una rescatable participación, Debra Messing se nota desperdiciada en su papel unidimensional de mujer que ha nacido para la reproducción masiva, Eva Mendes importa poco o menos que nada, y en esta ocasión a Meg Ryan no la salva ni su carisma. Dentro de las demás mujeres vemos a Candice Bergen, Bette Midler y Carrie Fisher, las tres circunstanciales, las tres de relleno. No obstante en comparación con las actrices de la entrega anterior, ni Annette Bening sale bien parada al contraponerse con la sublime Rosalind Russell.

La película no aburre pero nunca se eleva, se aleja de la comedia y el drama para establecerse en la nada. Es probable que alguna pequeña risotada azote al público, pero nada más allá de algunos momentos y guiños, como el personaje de Annette Bening, quién se contonea por la ciudad con su móvil en mano, o los gritos exultantes y caóticos de Debra Messing, así como la nerviosa honestidad de su personaje.

Sin embargo los mismos personajes se encuentran todos y cada uno desperdiciados, sin explotar la complejidad social/psicológica que yace en ellos.

El concepto es banal e incita prioritariamente a la tristeza de ver una idea tan buena desechada en el cesto de la ineptitud, y después es irritante porque las mujeres actuales merecen un mejor retrato que las aleje de la misoginia y los prejuicios establecidos por la sociedad contemporánea, pues de ello se trata el filme, de ideas poco tratadas, cotilleos nada sofisticados, parece una mala parodia de “Sex and the city”, donde todas son amigas, todas se quieren mucho y buscan alguna clase de realización personal, pero poca conciencia hacen sobre su medio y ámbito, así como de la vida en la cuál se encuentran sumergidas, aquí el adulterio, la maternidad, la amistad, la anorexia, la homosexualidad, las clases sociales, el abuso hacia la mujer, incluso la pizca de feminismo se desvanece; lo que se muestra en la pantalla es una feminidad atolondrada.

Pero aún con ello no me parece del todo desperdiciable, pues me viene a la mente la siguiente pregunta: ¿existen mujeres en el mundo como las que se muestran en la película? La respuesta la encontré en el nombre de la guionista y directora, quien percibe dicho mundillo “sexual” con poco seso y por ello lo traza con el mismo talante… el problema es que ni ella hace alguna clase de reflexión.

Lucio Rogelio Avila Moreno

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