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¿Cuánto estarías dispuesto a pagar por encubrir tu propia infidelidad? ¿Estarías dispuesto a jugarte lo que más te importa, aquello por los que has luchado durante tanto tiempo? ¿Hasta qué punto el sentimiento de culpa, la traición y el engaño pueden llegar a dominarte?
Con este hilo argumental y basada en una novela de James Siegel, llega a las pantallas el primer trabajo del sueco Mikael Hafstrom como director en Estados Unidos.
Acompañado por el guionista Stuart Beattie (Collateral) y con un presupuesto de 22 millones de dólares, Hafstrom trata de introducirnos en un thriller psicológico con varios guiños a la mítica "Atracción fatal" (Adrian Lyne, 1987).
Una acción que a ratos se antoja más veloz que la propia historia; unas encrucijadas, quizá demasiado extremas para la información de la que dispone el espectador; un guión parco en exceso en determinadas secuencias (se echa de menos a Owen, carne de teatro, con un guión un poco más a su medida) y una historia en determinados momentos predecible; hacen que "Sin control" se quede algo lejos de los thrillers de suspense de los grandes maestros. Quizá en ningún momento esa fuera la pretensión.
Sin embargo hay que decir (es de bien nacidos el ser agradecidos), que en los tiempos en los que corren, "Sin Control" se torna una película que al menos entretiene al paciente espectador, que en muchos casos se ve abocado al más horrible de los hastíos en interminables películas, que muy a su pesar cuentan con excelentes críticas. "Sin Control" entretiene, que no es poco.
Habrá que pedir a Hafstrom, que en su próximo título, dedique un poco más de tiempo a cultivar la delicadeza y sutileza que requiere como principal elemento sostenedor la urdimbre de una tela de araña, para que además de entretener al espectador, lo deje sin aliento.
Cristina Gómez
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