• Por AlohaCriticón

Crítica

Palpitas con un acerado hard-rock, revives anímicamente con una pieza de combativo punk pero asimismo también aprecias la belleza de una buena melodía pop. Transpiras con la emoción triste del country o el blues o te conmueves con la belleza de una sensible balada. ¡Felicidades!. Por el contrario, vives obtuso en un estilo y no sabes apreciar la rica combinación de sonidos que el amplio espectro musical puede ofertarnos. Lo sentimos por ti. Esto suele ocurrir con demasiada frecuencia, desarrollando enfrentamientos banales y asnales embotamientos que no llevan a ningún sitio.

Toda esta cantinela inicial emana de la discrepancia con muchos aficionados de la música de Fleetwood Mac, apasionados de las iniciales virtudes instrumentales obsequiadas por la banda liderada por Peter Green, con un febril y valioso acercamiento al blues-rock, que, desde un sentimiento ultrajado y al margen de la respetable evolución compositiva, injurian las mañas de algunos discos de la segunda etapa de la banda, como este “Rumours”, uno de los LPs más comerciales de la historia, hecho que sin duda ha jugado en su contra a nivel crítico, aunque menos que la traición a la naturaleza de Fleetwood Mac como banda de blues.

La incorporación de Lindsay Buckingham y Stevie Nicks al grupo cambió totalmente la música de la banda, que había realizado previamente discos grandes bastante desiguales de blues-rock y canciones pop poco memorables como “Penguin”, “Mystery To Me” o “Heroes Are Hard To Find”.

El aire californiano a la banda aportado por Buckingham y Nicks conllevó un sentido de la escritura carente de pretenciosidad centrado en la simple composición de temas pop y soft-rock de buena y pegadiza construcción, con temática sentimental y buen trato vocal.

Comenzando con “Fleetwood Mac” (1975), alcanzaron su punto más álgido con “Rumours”, un LP que no sorprende por su inventiva ni originalidad, pero que indudablemente contiene once piezas óptimamente trabajadas a nivel compositivo, generalmente de base agridulce y de cómoda escucha, lo que explica su tremendo éxito en todo el mundo, especialmente en los Estados Unidos.

Las consecuencias de relaciones rotas, romanticismo destemplado, dependencias insanas a nivel sentimental o temas de animoso optimismo son los cimientos líricos de un gran disco, dominado por Lindsay Buckingham, Stevie Nicks y Christine McVie, autores nada complicados en la superficie pero muy pudientes en la capacidad para la creación de canciones de acomodadiza emocionalidad y, a veces, expuestos en una discordancia anímica entre los ritmos y lo relatado.

Sus grandes éxitos y canciones más conocidas, como “Dreams”, “Go Your Own Way” o la esperanzadora “Don’t Stop” se complementan con otros temas de notoria sensibilidad, erigidos desde un germen pop-rock y algún pequeño ramalazo folk.

A pesar de no ser tan populares como las canciones anteriormente citadas, los mejores temas del disco son “Gold Dust Woman”, una canción de Steve Nicks con una sombría y sugerente atmósfera y, sobre todo, “The Chain”, una gema poco valorada, realmente soberbia por su clima áspero y su excelente trabajo instrumental.

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