• Por AlohaCriticón

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CAÓTICA ANA (2007)

Dirección: Julio Medem.

Intérpretes: Manuela Vellés, Charlotte Rampling, Bebe, Asier Newman.

Ana (Manuela Vellés) es una joven apasionada de la pintura que será invitada por una mecenas llamada Justine (Charlotte Rampling) a formar parte de su grupo de artistas residentes en su casa de Madrid.

Comenzará así un viaje interior y exterior lleno de nuevas experiencias que marcarán su vida.

Es una pena que con sus últimos trabajos Medem ya no se contente con hacer equilibrios entre lo ridículo y lo sublime, sino que haya decidido lanzarse decididamente a por lo primero.

En “Caótica Ana”, el director lleva hasta lo grotesco todas las tendencias de sus anteriores películas; obras, que, por otro lado, han ido empeorando progresivamente desde que se empeñó en hacerse cargo no sólo de la dirección, sino también, en exclusiva, de la escritura del guión. Se ve que Medem, en un proceso parecido al que sufre su personaje de Ana, ha decidido “librarse” de todo freno o autocrítica artística -es de suponer que no tiene nadie cerca que le haga ver la realidad de alguna de sus ocurrencias-, lo cual explica los resultados aquí.

Es imposible e innecesario parodiar el cine de Medem: él solo se parodia, cruel y generosamente. A partir de cierto punto de la película -que por otro lado, no se hace pesada, entre otras cosas porque está punteada por una cuenta atrás “hipnótica” que nos avisa de cuánto falta para que termine, el espectador comprende que el argumento debe entenderse como un cuento al que no cabe pedir la mínima verosimilitud o incluso rigor interno.

Funciona casi como un tebeo de Mortadelo y Filemón en el que uno puede, por ejemplo, lanzarse al mar en cualquier punto inespecífico del Levante español y, tras unos ligeros chapuceos, acabar contemplando la estatua de la libertad, en Nueva York. Es decir, se empieza entendiendo lo que se ve como metáforas, luego como fábula, y finalmente como comedia involuntaria y, en el fondo, dolorosa: el final resulta tan ridículo y petulante, no sólo en su bochornosa culminación, sino en la revelación de la “verdadera” naturaleza de la existencia humana y de la relación entre los protagonistas, que nos confirma lo que nos temíamos: Medem, como su protagonista, la pijipi Ana, no es, literariamente, mucho más que un diletante banal y pseudoprogre que confunde sus ensoñaciones de porros con profundas revelaciones ancestrales, aprovechando para hacer soflamas irrelevantes sobre asuntos tan graves como la situación en Irak.

Lo peor es que con esto hace que obras que en su día nos parecieron fascinantes como “La ardilla roja” o “Tierra” se nos antojen ahora, también, como pretenciosas vacuidades. Eso sí: visualmente, Medem sigue siendo muy potente. Pero por desgracia me parece que ya sólo serviría buenamente para filmar videoclips de Björk.

Murasaki Shikibu

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Julio Medem

Manuela Vellés

Lluís Homar

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