• Por Antonio Méndez

El fecundo escritor estadounidense John Grisham (¿habrá “negros” escribiendo las formulistas tramas para satisfacer la avidez de la editorial?) prosigue con “El intermediario”, con alguna excepción poco recomendable fuera del género, su colección de thrillers legales fundamentados, en sus mejores obras, en maquinaciones torticeras de las altas esferas, comentarios sociopolíticos y corrupciones varias con personajes idealistas atrapados en intrigas de ágil ritmo.

El formulismo de las mismas, de basamento más que literario, hollywoodiense, se aprecia de nuevo en “El Intermediario” (2005), novela en la que junto a las convenciones comunes de los thrillers más baratos de espionaje se otorga un inopinado énfasis en la ambientación, pareciendo casi una guía turística e histórica de Italia, en especial de Bolonia, en donde a buen seguro ha disfrutado el bueno de John Grisham, que ha escrito libros más entretenidos y recomendables, como “El Socio” o “El Jurado”.

Si se le resta la parafernalia transalpina queda una trama muy limitada, con pasajes narrativos bastante aburridos, en especial después del primer tramo de la novela, y personajes sin un desarrollo de interés.

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