 | EJECUTIVO AGRESIVO (2003)
 
Director: Peter Segal.
Intérpretes: Adam Sandler, Jack Nicholson, Marisa Tomei, Luis Guzmán.
Dave Buznik (Adam Sandler) es un ejecutivo de calmado y afable temperamento que se verá involucrado en un malentendido a bordo de un avión y condenado a seguir un proceso de autocontrol con el terapeuta Buddy Riddell, quien con sus métodos poco ortodoxos conseguirá el efecto contrario, aumentando la irritación de Buznik. |
Una discreta comedia, de las muchas que asientan su atractivo en la divergencia entre sus personajes principales, la inclusión del individuo central en un contexto que subvierte una significada identidad psicológica y la química que emane su interacción personal en la pantalla, acrecentada por su popularidad estelar.
En esta ocasión la extraña pareja está compuesta por Adam Sandler, un cómico de gran trascendencia en su país y bastante nula fuera de él, y Jack Nicholson, que retoma de nuevo su histrionismo tras "A propósito de Schmidt".
La película padece de falta de chispa, derivada principalmente del trabajo poco inspirado del director Peter Segal, y a pesar del esfuerzo de Sandler y Nicholson, no supera un fláccido desarrollo.
La inclusión de un amplio muestrario de cameos que proliferan alrededor del dúo protagonista poco aportan para enriquecer la insustancial trama, a pesar de algún que otro gag estimable.
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Jack Nicholson
Adam Sandler
Marisa Tomei
Woody Harrelson
John Turturro

  
David Buznick(Adam Sandler) es un hombre apocado al que le da verguenza besar a su novia Linda (Marisa Tomei) en público a causa de un trauma que una situación similar que acabó de forma desafortunada provocó cuando era pequeño.
En un malentendido producido en un avión será arrestado y deberá pasar una terapia contra la agresividad, teniendo como doctor al excéntrico Buddy Rydell (Jack Nicholson), un hombre que lejos de calmar la agresividad es capaz de poner fuera de sus casillas al más pintado, y al que David ya había conocido en el incidente del avión.
Buddy se meterá en la vida de David hasta extremos difícles de tolerar por este.
En esta ocasión Hollywood nos propone la premisa de colocar en la misma película a dos actores que por lo general no coincidirían a causa de la diversidad entre los papeles que suelen interpretar.
Esto ya lo vimos en "Límite 48 horas" con Eddie Murphy y Nick Nolte o en "Una terapia peligrosa" con Robert De Niro y Billy Cristal. Aquí se han juntado Nicholson y Sandler, cuyos roles no pueden ser más diferenciados.
Tal como dijo un crítico, Nicholson se pasea por la película en dirección al banco para cobrar su sueldo, y es que nadie se equivoca cuando dice que el actor está en el film por lo puramente comercial, pero de todos modos no resulta decepcionante.
Nicholson se deja aquí de florituras interpretativas y se limita a dar rienda suelta a su histrionismo, con su característico arqueo de cejas y su expresión de demente que le va muy bien para este papel, así que acaba convirtiéndose en el princìpal baluarte de la película, quizá su rol interpretado por otro actor no habría resultado tan gracioso.
Sandler por su parte se limita a poner el aspecto circunspecto que luce en todas sus películas, de hombre que no ha roto un plato, que también se puede confundir con una preocupante carencia de expresiones dramáticas. Marisa Tomei se dedica a ser la novia del prota, con el escaso reto que ello conlleva.
Por mucho que les duela a los admiradores de Manoel de Oliveira, la película resulta entretenida y divertida en varias ocasiones (como cuando en el avión se parodia la psicosis que sufre USA desde los atentados del 11-S, con la escena en el monasterio budista, con las apariciones de un sonado John Turturro muy aficionado a las peleas, o la sátira que se hace sobre la obsesión por la obesidad de algunas mujeres en la breve aparición de Heather Graham, por no hablar de cuando Sandler y Nicholson cantan una canción de "West Side Story") y la química entre los protagonistas funciona, no son como Abbot y Costello, pero dan el pego.
Se le puede reprochar la plana dirección de Peter Segal, el típico juntaplanos que lo mismo sirve para un roto que para un descosido y al que llaman para empresas fáciles como este tipo de películas (antes había dirigido "Agárralo como puedas 33 y 1/3" o "La familia Klump"), o su final previsible y un punto pasteloso, pero eso es algo con lo que casi se cuenta antes de ver el film.
Yo me pasé un rato entretrenido y divertido, entiendo que a otros les pueda parecer mala, pero a mi me convenció como para ponerle un aprobado.
David García
 
Un ciudadano de Nueva York con graves problemas de timidez se ve envuelto en una trifulca con una azafata de un avión por la cuál es llevado a juicio y condenado a seguir una terapia para controlar su ira. El encargado de suministrar esta terapia es un extravagante doctor que le hará pasar por las situaciones más disparatadas.
Esta idea argumental, que en principio puede resultar atractiva, se transforma en manos del director Peter Segal en una insufrible comedia a la que cuesta un mundo encontrarle la gracia.
Para empezar, el guión nos propone una trama absolutamente inverosímil, que más bien parece una excusa para la sucesión de continuas secuencias que se suponen graciosas y que se basan en la misma premisa: el estrafalario doctor - un pasadísimo Jack Nicholson que parece haberse tomado la película a broma- sometiendo a humillaciones constantes al atolondrado paciente -un Adam Sandler que parece abrumado por tener en frente a un monstruo del celuloide-.
Con esta simple estructura transcurre un film que apenas en un par de ocasiones consigue arrancar una leve sonrisa, y que ni siquiera logra transmitir la angustia del torturado protagonista, pues nada de lo que sucede en pantalla tiene el más mínimo sentido.
La película se recrea dando paso a constantes "cameos" de actores y personajes famosos -entre los que incluso está el ex alcalde de Nueva York Rudolph Giulliani-, que deben hacer mucha gracia al público americano pero que aquí se ven con indiferencia, hasta desembocar en un final lamentable, que incluso supera, negativamente claro, el despropósito ofrecido hasta entonces, y que no tiene reparos en recurrir al desgastado tópico de que "todo ha sido un montaje", en este caso para sacar de su timidez al protagonista (lo que todavía hace aún más inverosímil la historia).
Ejecutivo Agresivo es una película blanda y ñoña, que parece haberse quedado en el intento de apuntarse al cine disparatado de los Aterriza y Agárralo como puedas, para finalmente ofrecer un buen representante del peor y más zafio cine americano.
MDC
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