 | VOLVORETA
   
Federica, llamada Volvoreta, entra a trabajar en la casa de los Abelenda. Sergio, el hijo de la señora, pronto se enamorará de la muchacha, con quien pronto comienza a verse a escondidas.
“Volvoreta” (Mariposa en gallego) es una de las novelas más conocidas del autor Wenceslao Fernández Flórez. El tema de amor prohibido entre una sirvienta y el hijo de los dueños de la casa en la que presta sus servicios domésticos no es que sea demasiado original pero la novela se manifiesta más que notable por la belleza y opulencia en las descripciones con circunlocuciones, el lirismo que envuelve de manera cuasi mágica las descripciones del paisaje rural y campesinado gallego, la viveza y realismo de los frescos diálogos, a los cuales Fernández Flórez impregna del hablar de la zona, y el tono agridulce y melancólico, con sutiles roces humorísticos en algunos personajes. |
Con una narración omnisciente en tercera persona, la novela, que a pesar de titularse “Volvoreta”, está vista desde el protagonismo principal de Sergio, aborda en el desarrollo de este amor improbable asuntos como el contraste entre el ambiente rural y urbano, la diferencia de clases o el distinto modo de amar y sentir una relación, aplicando con la intervención de caracteres secundarios apuntes sociológicos, políticos y costumbristas desde un perfil naturalista.
La primera edición del libro estaba ilustrada por Castelao.
Este es el inicio del libro:
Erguida en el umbral, doña Rosa Abelenda clavaba el mirar agudo de sus ojos en la rapaza, recogida en una modesta actitud.
- ¿Quién te mandó venir?
- Mandóme la señora de la Cruz del Souto.
- ¿Serviste tú a la Cruz del Souto?.
- Serví en casa de su hermana, en la ciudad, hay dos años por San Martín.
- ¿Y qué sabes hacer?
La moza balanceó el hatillo que llevaba colgante en la diestra. Miró al ama serenamente:
- Sé hacer lo que me manden. Pero en la tierra no puedo trabajar: me enferma. Por eso me puse a servir. La señora del Souto me dijo que aquí se necesitaba una muchacha para la labor casera nada más.
Doña Rosa aclaró:
- Pero tendrás que lavar y tendrás que cuidar de la comida del ganado.
- Bien está, sí, señora.
- Y te daré doce reales al mes y un traje por la fiesta.
- En la ciudad ganaba más.
- Pero esto no es la ciudad. Tú dirás si te conviene.
- Bien está, sí, señora.
- Entonces, entra: te voy a enseñar tu habitación.
La moza entró. En la mitad del pasillo inquirió doña Rosa, sin detenerse.
- ¿Cómo te llamas?
- Federica.
- ¿Federica?...Ese no es nombre de criada………………………………………………………………………….
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