• Por Antonio Méndez

Sinopsis

Renée Michel trabaja como portera de un edificio parisino de burgueses. Tras su apariencia de profesional de labores domésticas sin demasiada preparación intelectual se oculta una persona de exquisita cultura. En el edificio en el que trabaja reside Paloma, una niña de doce años de extraordinaria inteligencia que ha decidido suicidarse. La vida de ambas cambiará cuando al inmueble llegue un nuevo vecino de nacionalidad japonesa.

Crítica

La francesa Muriel Barbery logró el éxito en su país con esta encantadora novela que alterna momentos de compleja reflexión filosófica e introspección psicológica, con otros de ligera comedia romántica con lugar para el humor de personaje fuera de su habitual contexto.

La narración está estructurada en dos perspectivas en primera persona con un mismo escenario, una especie de 13 rue del Percebe de la alta sociedad de París.

Una es la de la de joven Paloma y la otra la de la madura Renée Michel. Sus consideraciones se van alternando a lo largo del libro en cortos capítulos, significadas las dos perspectivas en la impresión del libro con distinto empleo de fuentes.

muriel-barbery-herissonLa esencia de este agridulce cuento, además de establecer una mirada irónica y sardónica sobre muy diversas costumbres y formas de pensar (en un recorrido muy plausible por su enfoque plural e incisión mordaz) es la del encuentro de dos caracteres solitarios, inadaptados, especiales, que buscan su evasión a través de la cultura y el desprecio de una sociedad marcada por la apariencia y la mediocridad.

De manera preferente es la belleza y la sensibilidad aportada por sus querencias las que fundamentan su inmersión y evasión artística, que no es más que una búsqueda de felicidad fugaz en un mundo vulgar.

Paloma y Renée son dos seres especiales e inteligentes, incomprendidos y escondidos (la pequeña elude a su familia ocultándose en su habitación, la segunda esconde su cultura para no ser repelida por los prejuiciosos).

Estas almas gemelas de edad dispar comparten una privativa conexión en medio de un ambiente pedestre en el que no encajan.

Barbery, profesora de filosofía además de novelista, define con corrección a estos personajes y, aunque en principio cuesta creerse sus capacidades intelectuales (en especial la niña de doce años con tal calado cultural) al final seguramente las dos terminen conquistando al lector.

A través de sus consideraciones se manifiesta un grato espíritu crítico y una interesante capacidad de reflexión en diferentes ámbitos socioculturales, en donde se eluden verdades absolutas dentro de una comunidad maquillada por boberías y artificios, cuando no es la moda es el antidepresivo o el psicoanalista.

A pesar de sus exquisiteces no se trata de una novela perfecta. La intención de su mirada crítica provoca que los personajes criticados sean unos caricaturescos y otros planos, el giro trágico puede resultar forzado, y abusa un tanto de sus filias-propagandas, en especial niponas, aunque éstas sean de la talla del gran cineasta Yasujiro Ozu.

Tampoco se olvida del ruso Leon Tolstoi y de alabar las virtudes de la pintura holandesa.

Globalmente el libro, de prosa elegante y musical, no deja de ser un canto de amor a la vida, al arte, a la beldad con que el arte recoge la vida y a la posibilidad de hallar a gente de interés dentro de tanta ramplonería.

Muriel Barbery sabe crear situaciones de humor, contiene agudas apreciaciones vitales, y posee sensibilidad y lirismo en los momentos dramáticos.

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