• Por Antonio Méndez

deerhoof album review friend opportunityCrítica

Desde California llegan los Deerhoof, grupo de San Francisco singularizado por la presencia como cantante y bajista de Satomi Matsuzaki, quien aporta la imagen exótica para sublimar sus sonidos inanes y derivativos.

Su música oferta lo que otros incontables grupos de sellos independientes: melodías pop sin demasiado enfoque interpretados con dulce e inocente vocalidad en contraste con puntuales sonidos guitarreros noise, arreglos easy listening, concepto ambient, algún apunte electrónico atmosférico, experimentación autocomplaciente de ascendencia psicoprogresiva, y letras minimalistas e iterativas que no expresan nada más allá del sinsentido.

Muchos de ellos venden basura amparándose en el cobijo de las falsas vanguardias. No es el caso de algunos cortes de Deerhoof, como “Kidz Are So Small”, bobería con base industrial que tiene alguna gracia; “+81”, con arreglos trompeteros, percusión y guitarra garajera tipo White Stripes, ciertos aciertos en las varianzas rítmicas y un simpático estribillo infantil; y la apreciable pieza “Believe ESP”, funk-hard-pop con musculado riff a lo Led Zeppelin.

Otros cortes de este “Friend Opportunity” son “The Perfect Me”, canción con una potente labor dinámica de la sección rítmica en forzuda discordancia con la voz aniñada de Satomi; “Choco Fight”, electro-funk con recarga atmosférica; y el petardo máximo del álbum, “Look Away”, una jam más que latosa que no conduce a ninguna parte.

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