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Sueño cinematográfico, hermoso y barroco, de belleza indescriptible y uno de los más románticos de todos los tiempos.
Una de las mejores películas de Greta Garbo, que realiza aquí una interpretación inolvidable, realzada además por la dirección maestra y elegante de Mamoulian, quien rara vez volvería a alcanzar similar nivel de sublimidad. |  |
Los primeros planos de Garbo en esta película siguen siendo algunos de los primeros planos femeninos más bellos jamás filmados, gracias a la labor fotográfica de William H. Daniels, que convierte cada uno de los fotogramas de la película en una experiencia deliciosa. A la redondez y perfección final del producto también contribuyen los espléndidos decorados, el vestuario y la hermosísima partitura de Herbert Stothart.
Sería injusto olvidar la magnífica interpretación de John Gilbert (por entonces amante de Garbo) como el dicharachero y romántico embajador español Antonio, que protagonizará junto a Cristina una de las más bellas y trágicas historias de amor de la historia del cine.
Muchos son los instantes que se quedan grabados en la mente del espectador tiempo después del visionado de la presente obra, pero dos secuencias han pasado a formar parte del subconsciente cinéfilo colectivo.
 | En la primera de ellas Cristina escudriña de forma delicada cada uno de los objetos y rincones que conforman la habitación en la que acaba de hacer el amor con su amante, con el único objetivo de memorizar los detalles de una estancia en la que como dice ella misma pasará mucho tiempo en el futuro al recordarla. La otra, quizás la más conocida, es el lento traveling al final de la película que acaba en un primer plano de Cristina, con su triste mirada perdida en el horizonte tras la muerte de su amado. |
Ricardo Pérez
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