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La primera incursión cinematográfica que adaptaba las andanzas del vampiro Drácula fue "Nosferatu", una obra maestra de Friedrich Wilhelm Murnau, que comulgaba lirismo, romanticismo y expresionismo en una atmósfera fantástica, prolija en recursos formales e inolvidable en sus caracterizaciones, en especial un impagable Max Schreck como Nosferatu, en una lánguida y tétrica composición.
Detenta las características expresionistas en el empleo enfático de los escenarios sobre los caracteres (aunque se aleja de las particulares principales del estilo al rodar en localizaciones exteriores), subrayando también con la representación de éstos los rasgos internos mediante sus dramatizadas composiciones externas.
Las angulaciones empleadas para ensalzar el género y sobre todo, la utilización extremada de contrastes lumínicos, obra del gran operador Fritz Arno Wagner, quien junto a Murnau y con el empleo de la película negativa y el fast motion, consiguen transmitir una sensación mesmérica y mixturada de irrealidad fantasmagórica y naturalismo mortuorio.
Un importante recurso narrativo empleado en este título es el montaje en paralelo (hecho poco usual en aquella época e impulsado por los esenciales trabajos de D. W. Griffith), mediante el cual F. W. Murnau va alternando de escenario y personajes, en consonancia con los hechos que están sucediendo en las situaciones, implicandose las mismas emocional o descriptivamente. Así, logra mayor dinamismo en el relato, mayor economía temporal y mayor acentuación en las situaciones conexionadas.
También incluye una mirada lírica, implícita en la construcción atmosférica, utilizando variada simbología y ponderando emocionalmente los detalles de admirable imaginería.
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F. W. Murnau

Nosferatu "ave depredadora, nunca se debe pronunciar su nombre en voz alta".
Murnau realiza esta película en 1921 y con ella comienza roda una serie de
films dedicados al vampirismo, utilizando las palabras de Werner Herzog "al
onirismo, a los sueños, decisiones, miedos y mitología". Precisamente es
aquí, en Nosferatu, donde nos introducimos, según José Agustín Mahieu, " en
un aura de angustia sobrenatural y cósmica".
Murnau aparece como uno de los máximos representantes del expresionismo con
sus sombras, sus diagonales y sus escenas que reproducen hasta el más mínimo
detalle de cuadros de pintores como Friederich. El juego de contraluces con
luces y sombras que produce el efecto dramático de todas las acciones nos
produce sentimientos de miedo, terror y angustia; como dice C. F. C " permite
convertir a los objetos y seres reales en sombras". Es sorprendente la
escena en la que la garra de Nosferatu aparece en la pared, Nina se
estremece de miedo, el vampiro sale del cuadro y su sombra desaparece
difuminándose y convirtiéndose en humo.
Aunque esta claro que el tema de la película es el vampiro Nosferatu, hay un
personaje que parece imprescindible para dar ese enfoque dramático y
terrorífico que pretende Murnau: Nina. La caracterización psicológica de la
mujer de Harker es magnífica y es esto lo que da al film un carácter
diferente. En este sentido comprendo a Werner Herzog cuando explica que su
film es muy diferente al de Murnau, Herzog al humanizar el vampiro se separa
de Murnau claramente. Murnau no pretende que nos compadezcamos de la
situación del vampiro sino que éste nos produzca terror, como aparecía en
los carteles que anunciaban el film "La empresa ruega a las personas
cardíacas y propensas a crisis nerviosas se abstengan de concurrir a este
cinema".
Desde que su marido le comunica su partida a Transilvania, Nina cae en una
profunda depresión en la que no es dueña de sí misma y siente que alguna
fuerza extraña le atrae hacia su destino cruel, Nosferatu. Murnau hace que
nos identifiquemos con el personaje, con sus estado de frustración y de
lucha interna con esa misteriosa fuerza que la atrae y que ella teme más que
al propio Conde Orlok. La escena en la que Nina está en la playa aguardando
al vampiro (relacionado con las olas de mar) es increíble, el director
consigue que nos estremezcamos al comprobar que no está esperando a Harker
como indica el narrador sino que aguarda al vampiro y a sus ratas.
Murnau establece una perfecta relación de identificación y simbolismo entre
la naturaleza y el vampiro, con las olas (su llegada), el mar (está cerca),
el viento (su presencia), las nubes (la llegada de Harker a las tierras de
los fantasmas)... Otro de los aspectos en que Murnau demuestra su arte como
director y productor de simbolismo y simetrías se produce en la escena en la
que el médico especialista explica a sus alumnos la naturaleza de las
plantas carnívoras "vampiro del ramo vegetal", "el pólipo con garras
transparentes, sin sustancia". Otra escena en la que el director alemán
introduce el paralelismo se da cuando los caballos corren por la presencia
de la hiena; Murnau nos conduce por el camino que él desea, sin utilizar más
recurso que la imagen y la explicación aclaratoria del libro de los
vampiros crea una serie de relaciones que el espectador asume como ciertas,
es impresionante.
Calabaza
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F. W. Murnau
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