• Por AlohaCriticón


Dirección: Giuseppe Tornatore.
Intérpretes: Philippe Noiret, Salvatore Cascio, Marco Leonardi, Jacques Perrin.


Roma, años ochenta. Salvatore, un exitoso director de cine, es informado de que un viejo amigo, Alfredo, ha fallecido en su pueblo natal de Sicilia. Impactado por la noticia, su memoria le lleva a recordar los años cuarenta cuando siendo niño comienza su amistad con Alfredo, el proyeccionista del cine de su pueblo, y una experiencia que cambiaría su vida para siempre.

Magistral película sobre la amistad, el cine y la vida que difícilmente dejará indiferente al espectador.

Conmovedora y profunda película de Giuseppe Tornatore, una de las más destacadas de la carrera del director italiano que incluye otros títulos interesantes como “Pura formalidad” (1994), “El hombre de las estrellas” (1995), o “Malena” (2001). En “Cinema Paradiso (Nuovo Cinema Paradiso)”, Tornatore relata la historia de la relación de amistad que se establece entre Totò, un niño huérfano en un pequeño pueblo de Sicilia en la Italia de la posguerra, y Alfredo, el proyeccionista del cine del pueblo; el cine Paraíso. A través de esta historia, el director aborda las diferentes etapas de la vida de Totò desde su infancia hasta su madurez, en la que ya convertido en un director de cine reconocido, recibe la noticia de la muerte de Alfredo. El relato de esta relación lleva a abordar la naturaleza de algunos elementos constitutivos de la existencia humana como la amistad, el amor, la identidad, el paso del tiempo, la memoria o la muerte.

La historia comienza cuando Salvatore, un director de cine en la Roma de finales de los años setenta, recibe la noticia de una llamada de su madre desde su pueblo natal de Giancaldo, en Sicilia, al que no ha regresado en más de treinta años. Cuando escucha que el motivo de la llamada de su madre es la muerte de Alfredo su gesto se descompone y su memoria le lleva a finales de los anos cuarenta, en la Sicilia de la posguerra y su infancia en Giancaldo. La historia se divide así en tres partes diferenciadas abarcando la niñez, primera juventud y madurez del personaje de Salvatore. Las dos primeras son realmente la base constitutiva de la historia y donde se relata la relación entre Totò y Alfredo en Giancaldo en los años de niñez y primera juventud de Totò. La tercera sirve esencialmente para apoyar el desenlace de la historia, narrando el regreso de Totò, ya convertido en Salvatore, a Giancaldo para el funeral de Alfredo.

La mayor parte de la historia se narra por tanto en retrospectiva, a modo de flash-back en el que Salvatore rememora los principales episodios de su amistad con Alfredo desde que siendo niño y huérfano, comienza su relación con el proyeccionista y su pasión por el cine. Ya en su adolescencia, la figura de Alfredo se convierte en la de guía y mentor para Totò, no solo en el aprendizaje del oficio de proyeccionista sino también respecto al amor y la vida. Finalmente, es Alfredo quién impulsa a Totò a abandonar Giancaldo y empezar una nueva vida que culminara con el logro de su sueño de convertirse en cineasta. En la recreación de la partida y el viaje abandonando sus orígenes para comenzar una nueva vida, la historia recuerda a otras películas italianas situadas en el mismo periodo como “I Vitelloni” (1953).

La película destaca especialmente por el carácter universal de los temas abordados como la amistad, el amor, el paso del tiempo, la muerte o el recuerdo. Y lo hace sin caer en lo convencional ni los estereotipos. En el tratamiento de los principales temas de la historia (la muerte de Alfredo; el regreso de Salvatore a Giancaldo; la amistad entre Toto y Alfredo; el amor del joven Salvatore hacia Elena; o la pasión de los habitantes del pueblo por el cine), los personajes y sus relaciones aparecen de manera natural y sincera, y el espectador se identifica con ellos desde el primer momento. Junto a esta base temática de carácter universal, la película evoca igualmente muchos aspectos relativos a la realidad específicamente italiana de dicho periodo. Entre ellos cabe destacar: la recreación de la vida en un pequeño pueblo siciliano; la infancia, el papel de la iglesia, la censura y la escuela en la Italia de la posguerra, que recuerda a escenas de “Amarcord” (1973) de Federico Fellini; los comienzos de la inmigración hacia Alemania; la transferencia de poder de la Iglesia a poderes políticos y económicos; o la desaparición de toda una época de la historia del cine en Italia con la demolición del cinema paradiso, que recuerdan similar planteamiento en películas como “Splendor” (1988) de Ettore Scola.

La película es igualmente un homenaje al cine y sus estrellas. Varias escenas que muestran a los habitantes de Giancaldo asistiendo a las proyecciones resultan simplemente memorables, mostrando no sólo la experiencia de ver películas en los habitantes de la Sicilia rural en los años cincuenta, sino el impacto que el cine, sus historias y sus estrellas tuvo en la sociedad y sus costumbres. La película esta repleta de referencias a grandes películas, desde “La diligencia” (1939) a “El jeque Blanco” (1953), y figuras de la historia del cine como Charles Chaplin, Buster Keaton, Clark Gable, Henry Fonda, John Wayne, Jimmy Stewart, Brigitte Bardot o Marilyn Monroe, por citar algunos de los que aparecen mencionados o retratados en la película.

Respecto a las interpretaciones, cabe destacar a Philippe Noiret, excelente actor, que en su papel de Alfredo consigue con su aspecto cálido y su carácter próximo transmitir una sencillez y serenidad esenciales para la historia. Evoca la figura no solo paterna para el Totò niño, sino también de guía y mentor para el joven Salvatore, y de conciencia y memoria para el Salvatore adulto. En su función de personaje de motor y referente en la transformación de la identidad de otra persona, y con el paisaje del mediterráneo al fondo, recuerda a su interpretación de Pablo Neruda en “El Cartero” (1994). Como señalado anteriormente, el papel de Totò es interpretado por tres actores diferentes correspondientes a la infancia (Salvatore Cascio), juventud (Marco Leonardi), y madurez (Jacques Perrin) del personaje.

Las tres interpretaciones cumplen su cometido y permiten hacer verosímil la continuidad en la historia, aunque, como suele ser el caso, es especialmente emotiva la interpretación de Salvatore Cascio como Toto niño y que evoca otros personajes infantiles de películas del neorrealismo italiano como el papel de Bruno (Enzo Staiola) en la película de Vitorio de Sica, “Ladrón de Bicicletas” (1948), o el de Edmund (Edmund Köhler) en “Germania Año Cero” (1947) de Roberto Rossellini.

Destaca igualmente la música de Ennio Moricone que recrea de manera excelente la atmósfera de emotividad y nostalgia de la historia. Finalmente cabe señalar que Cinema Paradiso recibió merecidamente múltiples premios y reconocimientos, entre ellos el Óscar y el Globo de oro a la mejor película extranjera. En definitiva, una conmovedora historia sobre la naturaleza de la existencia humana en sus diferentes etapas desde la infancia y la adolescencia hasta la madurez, y una reflexión sobre algunos de sus elementos constitutivos como la amistad, el amor, la identidad, el paso del tiempo, la memoria o la muerte. Todo esto con el cine como principio y final, y con varias décadas de la historia de Italia como trasfondo. Una película inolvidable que, como toda obra maestra, difícilmente dejará indiferente al espectador.

Tomás Soria


Giuseppe Tornatore aborda en esta película la historia de Totó-Salvatore, un niño inquieto que vive en un remoto pueblo del sur de Italia y que parece inevitablemente destinado a vivir por y para el séptimo arte. Su mentor en un primer momento será el proyeccionista del único cine del pueblo, Il Cinema Paradiso, interpretado formidablementemente, como no podía ser menos, por Philippe Noiret. No está a la altura la interpretación del joven Salvatore que realiza Marco Leonardi (“Como agua para chocolate”), pues no resulta tan interesante como el Salvatore maduro, o tan despierto y curioso como el pequeño Totó. Pese a todo la interpretación funciona, tal vez porque Leonardi aparece arropado por un elenco de buenos secundarios representando a los variopintos personajes del pueblo.

La gente llora, ríe, crece, tiene sexo, se alimenta, se relaciona, se grita en la sala del Cinema Paradiso – qué ambiente tan diferente al que se respira en algunas salas de cine actuales, que rezuman “intelectualidad” por los cuatro costados… Conforme pasan los años vemos cómo se desarrolla la vida en el pueblo a través del cine, así como el cambio en el cine mismo a través de la selección de Tornatore de películas reales que son proyectadas en la ficción del film.

Claro, hay una historia de amor en la película (entre Salvatore y la joven Elena), pero el verdadero “idilio” es el que se da entre el protagonista y el Cine, con mayúscula y con todo lo que supone. Tributo sentimental de Tornatore, y por qué no, cursi, pero con una cursilería paradójicamente tan genuina que hasta al espectador más duro, a poco que le guste el cine, se le saltará alguna que otra lágrima. ¿Cómo olvidar la mítica escena en que el maduro y consagrado Salvatore asiste, en un patio de butacas vacío, a la proyección de todos los besos eliminados del metraje por la censura, que Alfredo (Noiret) ha guardado cuidadosamente y montado para él, a modo de regalo póstumo? Después de tantas y tantas películas que nos muestran el lado más frívolo y “real” de la industria del cine, ¡los románticos tenemos derecho a una película como esta, aunque algunos la acusen de sensiblona!

Por último destacaremos la banda sonora, ni más ni menos que de Ennio Morricone (con la colaboración de Andrea Morricone), que seguro le será familiar a más de uno, incluso si no ha visto la película.

Almudena


“Cinema Paradiso” narra la maravillosa historia de Salvatore Di Vita, un joven cuyo amor por el cine, su tierra, su novia y su amigo del alma le inspiran a mejorar como persona. Un paseo bello y nostálgico por su vida, su infancia, su adolescencia y su adultez.

Giuseppe Tornatore conjugó los sueños de todo cinéfilo, vivir en una fábula donde cada caída signifique un levantamiento más fuerte, donde se puede jugar con el tiempo, con la tristeza y con la alegría, un mundo al cual tan solo podemos observar y añorar.

Magnificas interpretaciones de los tres Salvatore, el adulto, el joven y el niño; con especial mención de los dos últimos, quienes sencillamente se roban la película con el carisma que impregnaron a las andanzas del personaje central; también tenemos el privilegio de contar con Philippe Noiret , quien brinda una encarnación sencillamente magistral como el bondadoso operador del cinematógrafo.

La partitura de Ennio Morricone jamás defrauda, al igual que la hermosa fotografía de Blasco Giurato y por sobre todas las cosas cabe admirar el magnifico trabajo de Tornatore tanto en el guión como en la dirección de esta bella cinta que ya forma parte del salón de honor del séptimo arte, un trabajo al cual no le falta nada, una obra maestra contemporánea.

“Cinema Paradiso” cuenta además entre sus mejores logros con uno de los finales mas enternecedores de la historia del cine, un epílogo antológico para un cinéfilo empedernido como el que les escribe, un momento invaluable

para cerrar esta hermosa y monumental película.

Pierluigi Puccini

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