• Por Antonio Méndez

Dirección: Brad Bird.
Intérpretes: Película de animación.

Con guión de Brad Bird (“Los Increíbles”, “El Gigante De Hierro”).

Sinopsis

Remy es una rata que desea convertirse en chef a pesar de que es un animal no demasiado bienvenido en el mundo de la cocina. Para intentar lograr su sueño, se colará en la cocina del restaurante parisino de su ídolo, el fallecido cocinero Auguste Gusteau.

Crítica

Producto Pixar/Disney que amalgama clásicos temas base, entre ellos el “pez fuera del agua”, con el personaje central inmerso en unas situaciones muy alejadas de su usual contexto (nada más insólito que convertir a una rata en genio de la cocina); la explotación cómica y la brillante exposición visual de ese contexto; la odisea para conseguir un sueño personal; y la ligazón de amistad en su particularidad de raros emparejamientos (la rata citada y un inexperto joven convertido en marioneta del roedor, en una especie de reflejo de la relación entre Cyrano de Bergerac y Christian de Neuvillette).

Tal mezcla de ingredientes tiene apuntes también sobre la importancia del apoyo familiar y amistoso, el provecho del entendimiento entre diferentes, la posibilidad de expansión personal y “laboral”, que rompa fronteras poco exploradas, el egocentrismo y los celos profesionales en la figura del vivaracho y napoleónico chef, o la necesidad de obviar prejuicios.

Aunque visible por su trabajo técnico con muestras realistas digitales de alto nivel, por la amable e inocente creación de la quimérica rata, por algunos momentos de acción, y por la sensibilidad manifiesta en la conducción de la trama y personajes, las situaciones cómicas rara vez deparan grandes carcajadas, perviviendo alguna chispa no demasiado creativa en los momentos de humor físico dentro de una historia de tonos agridulces.

A la par que su faceta humorística, los profundos y maduros temas que aborda esta fábula de ambiente parisino no terminan de penetrar por su desarrollo escaso, a pesar de su orientación sesuda sobre el ser, el estar y el proceder en un contexto determinado, culminada tal orientación de forma enfática en las variadas consideraciones de sus personajes en el acto final, en especial el monólogo del ojeroso crítico culinario (que parece salido de un cuento de terror), recapacitando en una prédica-autoreprimenda (desde el interesado punto de vista del propio objeto, como es el director y guionista) sobre el alcance de los comentarios críticos en el devenir de la obra y el artista, como si éste y su obra no conllevasen también consideraciones críticas sobe el o los objetos que abordan.

Tales consideraciones les importarán bien poco a los más pequeños, quienes puede que echen de menos alguna inventiva secuencia coreográfica.

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Brad Bird


De nuevo Pixar nos vuelve a sorprender con una gran película. Cuando creíamos que Nemo y Sully lo habían inventado todo, llega el minichef y reinventa el humor.

Un pequeño ratón rural con un impresionante olfato y gusto para la comida decide humanizarse por las consecuencias de su inesperada llegada a Paris. Un amigo muy especial le ayudará a tal proeza en pos del arte culinario. Ayudará a un pinche de cocina a alcanzar el prestigio del antiguo cocinero que proponía el lema de que “cualquiera puede cocinar”, cuando realmente quería decir que en cualquier rincón del mundo puede existir un genio.

El corte tradicional de las películas de ratones se enriquece esta vez con tintes de “Como agua para el chocolate”, “El perfume” persecuciones tipo “Misión imposible” y sketches made in Keaton.

Los efectos sorprenden un poco más, se puede encontrar que el agua es más agua incluso que en Buscando a Nemo, los paisajes de París son impresionantes, la cámara baja siguiendo al ratón te convierte en ratón, y lo mejor de todo hace que los platos animados sean apetitosos. Todo esto ayuda a que junto con un estupendo guión uno salga más contento que unas castañuelas.

Referencias continuas a la vida francesa, desde la gastronomía, hasta la femme fatale (en dos segundos muestra como después de intentar matar a su amante una mujer lo vuelve a amar), desde el Notre Dame en cualquier esquina, hasta el Sella como escenario ideal. Buena idea de mezclar el gusto con el famoso Cousteau.

Sin abusar de los ratones consigue al adulto engancharle en la historia, sin rebuscar en la historia mantiene atento al niño. El final esperado se convierte en mera anécdota de la historia y hace que hasta los más malos con habitaciones en forma de tumba se conviertan en amantes de la buena comida.Burt Way

En estos tiempos austeros, donde el cine de animación es poco intelectual y carente de imaginación, suscita un nuevo fenómeno que acecha al espectador, su nombre es “Bajas expectativas”.

Cuando el público no espera nada más allá del cliché cinematográfico y el banal esparcimiento visual, las producciones preparadas para triunfar logran tener un éxito mayor al esperado, este es el caso de “Ratatouille”, una película de animación, donde la tecnología es una ventaja casi insuperable, pero sin más remedio la historia es su mayor atributo.

¿Es acaso que cualquiera puede cocinar?, o lejos de ello ¿cualquiera puede soñar?, una rata es la encargada de protagonizar esta simpática película, donde su eje temático toma a la realidad como punto de partida y logra explayarla a los rincones inexplorados de la fantasía. Es un reto que adopta la trama al incorporar una serie de conceptos, mensajes, moralejas y reflexiones a una historia sencilla, sobresaliendo por la frescura con la que impregna su guión.

Puedo admitir de cualquier manera que el síndrome de las “Bajas expectativas” se había apoderado de mi perspectiva, ya que es difícil en la actualidad quedar satisfecho con la trama, más que la animación, de este tipo de películas, donde la perspicacia ha decaído y la inventiva es la muestra del intelecto cansino.

Sin embargo estas bajas expectativas sólo resaltan la ya fabulosa “Ratatouille”, que brilla con luz propia en una oscuridad comercializada repleta de animaciones tardías y relatos de un minuto, logrando esclarecer una sonrisa en nuestros rostros, divirtiendo a nuestros niños y fabulando un sano entretenimiento.

Así también se agradece a los productores de Disney y Pixar (donde Disney, por temor a ser superado, ha devorado a Pixar) la creación de nuevas optativas para los más pequeños de la casa, que sin mucho ímpetu o interés podrán ver a una rata salir volando por la ventana, corriendo por las calles y alcantarillas de París, cocinando, soñando, un pequeño mundo donde los valores familiares son notables y la amistad es palpable, un espacio en el cual no existen los buenos o los malos, alejándose de los tópicos insufribles del espectáculo infantil, revistiendo a la producción con una perspectiva que ya se extrañaba en el medio.

En contraste no sólo la trama es buena, sino que la animación es impecable, con un toque realista que no ambiciona copiar fielmente al entorno en el cual vivimos, sino que opta por una ocurrente caricaturización del mismo. Es una obra ambiciosa, un festín visual que anega nuestros ojos con sus secuencias de acción y elaborados gags, consiguiendo que las risas retumben por la sala de cine, todo un logro.

Una producción que también será hábilmente criticada por su ostentosa narrativa, la cual no será totalmente apreciada por los más pequeños de la casa; una verdad completamente aceptable, sin embargo es también evidente que no dejaremos el trabajo pedagógico al televisor o en dado caso a la pantalla grande, sino que aprovecharemos su visión, así como las virtudes que conlleva la proyección de películas como esta.

Para culminar, puedo recomendar ampliamente “Ratatouille” como algo más que un simple entremés, pues supera las bajas y las altas expectativas, logrando un plato fuerte que culmina amablemente con un delicioso postre.

Lucio Rogelio Avila Moreno

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