• Por Antonio Méndez

domiclio-conyugal-cartelDirección: François Truffaut.
Intérpretes: Jean-Pierre Léaud, Claude Jade, Hiroko Berghauer, Barbara Laage.

Secuela de “Besos Robados” (1968). Con guión de Claude de Givray (“Besos Robados”, “La Pequeña Ladrona”), Bernard Revon (“Besos Robados”, “La Guerrilla”) y François Truffaut (“Besos Robados”, “Los 400 Golpes”).

Sinopsis

Antoine Doinel (Jean-Pierre Léaud), dedicado a teñir flores, vive en un animado barrio parisino con su esposa, la profesora de solfeo Christine (Claude Jade). El matrimonio ve peligrar su estabilidad cuando Antoine conoce a una atractiva japonesa llamada Kyoko (Hiroko Berghauer).

Crítica

domicilio-conyugal-fotosDespués de robar besos, François Truffaut ya nos presenta casados a Claude Jade y a Jean-Pierre Léaud en esta comedia dramática y romántica de ambiente marital estructurada, al igual que la anterior película, en una serie de episodios más o menos chisposos gracias a la aparición de un mosaico de pintorescos personajes. Qué pena del escaso trazo y el menor desarrollo.

Entre diversas referencias-homenajes culturales (que si póster del bailarín Nureyev, que si un cine emitiendo “El Gran Combate” con el nombre de John Ford rotulado grandiosamente, que si un extravagante personaje con movimientos a lo Jacques Tati…) somos testigos de los enredos cotidianos de esta pareja dispar con objetivo de acomodo burgués y problemas de infidelidad.

A pesar de resultar esquemática, no deja de ser visible por el encanto de sus personajes, el trato afectuoso, ligero y sereno en la creación las diferentes situaciones, algún apunte de extravagancia en la vecindad del matrimonio, y la sugestiva presencia de la japonesa Mademoiselle Hiroko.

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Françoise Truffaut


Antoine Doniel (Jean-Pierre Léaud) verá como su matrimonio con la profesora de violín Christine (Claude Jade) entra en crisis tras mantener un romance con una mujer japonesa llamada Kyoko (Hiroko Berghauer).

La saga del inquieto Doinel, continúa dos años después del éxito de “Besos robados” con “Domicilio conyugal”, en el que la pareja Doinel-Darbon se han casado.

La muchacha de educación exquisitamente clásica, contrastará con la anárquica existencia de su marido.

El acomodo en un domicilio propio, el mismo matrimonio o el nacimiento de un hijo, no resultará más que la infructuosa búsqueda de una familia imposible.

El muchacho no es un revolucionario, al contrario, inconscientemente intenta incorporarse y ser admitido por los cánones burgueses (su propia esposa, la familia de esta, la constante búsqueda de trabajo estable, etc.). Pero Antoine Doinel no es una persona vulgar, es un hombre particular, marcado por una existencia muy concreta, y que intenta por todos los medios ser aceptado por aquellos que representan sus fantasmas perdidos.

Pero Antoine ama la vida, y ama la libertad, una libertad entendida de una forma particular, que choca con los principios socialmente establecidos. La incompatibilidad entre el hogar y la independencia, la fidelidad y la libertad, o la soledad a cambio de una imposible domesticación, acabarán en la frustración de la búsqueda de un sueño imposible, dentro de una personalidad paradójica, que no puede prescindir del individuo peculiar, pero que añora la aceptación del grupo tradicional.

Angel Lapresta

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