• Por Antonio Méndez

el-pequeno-salvaje-cartelDirección: François Truffaut.
Intérpretes: François Truffaut, Jean-Pierre Cargol, Françoise Seigner, Jean Dasté.

Con guión de Jean Gruault (“Jules y Jim”, “Mi Tío De América”) y François Truffaut (“Jules y Jim”, “Besos Robados”).

Sinopsis

Año 1798. En un bosque francés es descubierto un niño salvaje. Traslado a un instituto de sordomudos, es finalmente llevado a casa del doctor Jean Itard (François Truffaut), quien intenta educarlo y socializarlo con la ayuda de su sirvienta Madame Guerin (Françoise Seigner).

Crítica

Tomando como raíz los propios escritos del médico que interpreta, François Truffaut dirigió y protagonizó este docudrama basado en un hecho real que está centrado en los métodos y esfuerzos educativos para civilizar a un muchacho abandonado y criado en un bosque.

el-pequeno-salvaje-foto-criticaEsta notable película tiene un indudable interés pedagógico y está tratada con realismo, templanza, sensibilidad, sin nunca resultar sensiblera.

La música de Antonio Vivaldi, con sonidos de flautín y mandolina, adorna la sobriedad con la que Truffaut, a quien le importa más exponer la metodología y la posibilidad de instruir en una situación compleja que el resultado definitivo de la misma, maneja un drama conductual e iniciático con regulares reflexiones en off que manifiestan la preocupación de su autor por la juventud y su contexto (que define su condición y progreso personal), además de la necesidad de la constancia y esfuerzo del maestro y del alumno para obtener el éxito formativo.

A destacar la fotografía en blanco y negro de Néstor Almendros y la controlada interpretación de los protagonistas, en especial del chaval Jean-Pierre Cargol, cuya caracterización de salvaje podría dar lugar a todo tipo de exageraciones gestuales.

Unos años antes, Arthur Penn había rodado algo similar en Hollywood con la excelente película “El Milagro De Ana Sullivan”.

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Françoise Truffaut


el-pequeno-salvaje-fotosBasado en un hecho real. En el año 1798 un muchacho (Jean-Pierre Cargol) de comportamiento salvaje aparece en el bosque de una pequeña localidad francesa. Desde París, el doctor Jean Itard (François Truffaut) se interesará en el caso ocupándose de su educación para integrarlo socialmente.

La variedad temática y formal que François Truffaut recorre a lo largo de su filmografía, se ve corroborada en “El pequeño salvaje”, un film singular en su carrera, que basándose en hechos reales ocurridos a finales del siglo dieciocho, propone la eterna pregunta acerca del comportamiento del hombre: se nace, o bien se hace.

En el bosque junto a un pequeño pueblo francés, los campesinos encontraron a un pequeño de doce años, que había sobrevivido milagrosamente en estado salvaje durante este tiempo, el ser abandonado allí al nacer.

Unas primeras observaciones, apuntan hacia una irreversible falta de inteligencia y una ausencia sensorial. Una situación que colocaría al muchacho junto a la escala de los animales con los que había convivido.

Uno de los profesores que analiza al chico, discrepará de esta teoría, y dedicará su trabajo a que el “enfant souvage” aprenda a los doce años, lo que los demás niños comienzan a aprenden desde su nacimiento.

Interesante especulación sobre la teoría ambientalista, esto es, nacemos con un cierto potencial intelectual, que se desarrollará de una u otra forma dependiendo de la educación y el entorno en el que hayamos crecido.

En este caso, el film, parece postular que la teoría, en principio, funciona, pero el final terminará sin aclarar, hasta qué punto. Los estímulos recibidos en los primeros años de la vida, ¿dejarán una huella imborrable que condicionará el desarrollo posterior?.

El film, formalmente clásico, y aunque en su formato de época pueda parecer, como dijimos, singular, no lo es tanto en su planteamiento semántico, su temática entroncaría directamente, –aunque aquí llevada al límite–, con las infancias problemáticas de “Los 400 golpes” y la saga de Antoine Doinel, así como posteriormente, en la versión, llamémosla, contemporánea en “La piel dura”.

En la mente de Truffaut, al menos en parte, sí parecen persistir sus fantasmas infantiles.

Angel Lapresta

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