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Mezclando fantasía, fábula y humor, Clarín nos invita a penetrar en el sancta sanctorum del científico Eufrasio Macrocéfalo, y, con unas descripciones cautivadoras, conocer a una mosca añosa y parlanchina, miope, coja, nerviosa, políglota…
Un díptero devorador de libros, quijotesco y un tanto frustrado, que encuentra el amor ciego en el encuentro casual con una mosca bellísima de brillantes colores (su dulcinea) que termina siendo una mosca vomitoria.
Este inteligente y original relato de interés creciente derrocha imaginación y, en consonancia con el calificativo del animal protagonista, erudición, abordando de forma admirable la diferencia entre idealismo y realidad, entre sabiduría y sentimiento, significando el provecho individual de la cultura y la ciencia, o la necesidad de desaprender lo superfluo. |  |
El cuento puede ser visto también como un brillante proceso creativo con el poder evocador de la fantasía para configurar alegorías existenciales, y mejor si es desde cómodas mecedoras cercanas a braseros y ubicadas en herméticas estancias repletas de libros de toda condición.
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