• Por Antonio Méndez

Crítica

El líder de Pulp debuta en solitario con este escuchable disco de sonidos pop-rock inofensivos, FM de bata de casa, con tempos tranquilillos, algún acierto en los textos y melodías muy artesanales, con arreglos que denotan profesionalidad pero también intrascendencia.

El disco, tras una corta pieza introductoria, comienza con la pieza soft-rock con muro a lo Phil Spector y dosis de David Bowie (una de sus máximas influencias), “Don’t Let Him Waste Your Time”, en donde aconseja a una mujer con novio aparentemente lisonjero.

“Black Magic” ofrece una mezcla templada entre los citados Spector y Bowie con el “Crimson & Clover” de Tommy James; y “Heavy Weather” una manida metáfora que vincula el clima con el estado de la relación amorosa.

El piano y una flauta, casi a lo Carpenters, principian la balada “I Will Kill Again”, pieza con textos sobre violencia y apariencia urbana que liga en el tono a una de sus principales influencias, Ray Davies. El sonido del xilófono destaca en otra balada, “Baby’s Coming Back”, en donde Jarvis exhibe a través de un simple melodía con relajantes y cálidos sonidos una exultante felicidad a causa del retorno del ser amado.

“Fat Children” por fin enardece los ritmos de este apagado disco y con trazas power-pop despliega una narrativa con crítica a los métodos educacionales, los pandilleros y la inseguridad con venganza tras muerte y resurrección.

La violencia imperante en la sociedad y la decandencia de la misma vuelve a manifestarse en “From Auschwitz To Ipswich”, tonada con enfoque melódico casi de girl group filtrada por la new wave de Elvis Costello o Nick Lowe.

Uno los mejores temas del álbum es “Disney Time”, balada con enorme acierto en la creación atmósferica en su amalgama afligida y oscura de sonidos de piano, guitarra distorsionada, voces femeninas ululantes, arreglos de cuerdas y una gradación melódico-tonal a lo “Brothers in Arms” de Mark Knopfler.

El medio tiempo “Tonite”, con apoyo vocal doo wop, es una pieza sobre posible encauzamiento individual de una vida equivocada; mientras que “Big Julie”, con introducción con parloteo femenino, prorroga los ritmos lentos y el tono meditativo con un retrato de personaje y composición muy al estilo del pop literario-sofisticado los Prefab Sprout de Paddy McAloon.

En este último tramo de álbum lo más destacado es “Quantum Theory”, canción con guitarra acústica que no quedaría mal en el “Hunky Dory” de David Bowie.

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