• Por Antonio Méndez

Careciendo de singularidad en música y letras, Richard Ashcroft (The Verve) ofrece en este tercer álbum en solitario una corta colección de piezas de cantautor lánguido, por lo general pausadas, con tonos grisáceos remedando su pesarosa portada, íntimos, reflexivo-poéticos, tristones-melancólicos (que eso siempre viste bien), y de un nivel melódico derivativo a más no poder, de esas de fácil emisión en las ramplonas radiofórmulas.

La voz se reitera hasta el infinito, sin demasiado trasfondo emocional, al igual que las melodías, algunas sin dirección, otras más enfocadas, que no perviven más allá del momento.

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Lo más escuchable del álbum se encuentra en su primera mitad, con ecos de Mike Scott o de un Tom Petty (de escasa inspiración) con dejes dylanianos. La segunda es bastante pesada y olvidable.

El disco se inicia con “Why Not Nothing”, la canción más animada y rockera (dentro del rock más brit-popero, claro) del álbum, en la cual parece mezclar a Petty con muro de sonido a lo Phil Spector, ritmos fibrosos y una melodía que no va a ningún lado. También recuerda un tanto en su tempo rítmico a la Motown e incluso en el concepto a una pieza desechada por los Stones de comienzos de los 70.

En la soulera “Music Is Power” juega a ser Curtis Mayfield pero todavía tiene que tomar muchos bocadillos para acercarse de lejos al líder de los Impressions. Bastante aburrida, sin variantes ni sorpresas.

“Break The Night With Colour” es el single y la mejor canción del álbum. Pegadizo tempo con base de piano y un desarrollo melódico que posee cierta clase, aunque tampoco es para salir enloquecido a la calle y tirar cohetes de alegría.

“Word Just Get In The Way”, con guitarras acústicas y cuerdas embelleciendo la pieza con cierto eco country, no deja de ser un corte lento intrascendente sublimado por un coqueto estribillo.

Coros femeninos semigospel en “KeysTo The World”, pieza de obsesiva atmósfera con ritmos cuasi hip-hoperos bastante salvable.

A partir de aquí, comenzando con la balada folkie “Sweet Brother Malcolm” el álbum, sin demasiadas alegrías previas, se sumerge en el tedio pretencioso sin sustancia lírica.

“Cry Till The Morning” no puede ser más formulista; “Why Do Lovers”, retoma pautas acústicas con piano copiando a Cat Stevens pero sin la gracia melódica de éste; “Simple Song” se ampara en su título para construir un simple pero olvidable corte de pop FM con arreglos orquestales; y “World Keeps Turning” mezcla de forma baladí y con un registro vocal alarmantemente apersonal, que va de Bob Dylan a George Harrison. Ambos en sus horas más bajas, claro.

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