• Por Antonio Méndez

Crítica

En el año 2008, Steven Wilson editará su primer disco en solitario. También este mismo año ha aparcado a los Porcupine Tree y a Blackfield, con quienes grabó dos fenomenales discos el año pasado, para hacer de nuevo equipo con Tim Bowness en No-Man, un proyecto prog-rock-ambient con tempos lentos y sugerentes atmósferas de tipo psicodélico-espacial.

A pesar de las buenas críticas recibidas por lo general, el álbum es menor en comparación con los trabajos recientes de Porcupine Tree y Blackfield.

Las piezas, todas pausadas, ganan con diferentes escuchas pero se muestran por lo general más cercanas a un tecno-pop laxo-atmosférico ochentero tipo Talk Talk que al rock psicoprogresivo y experimental de los años 60 y 70.

Al margen de comparativas, el disco posee tramos de gran belleza, por ejemplo en la apertura “All Sweet Things”, con la voz susurrante de Bowness (lo cierto es que se echa de menos en el disco la voz de Wilson) sobre un piano con ecos de David Bowie. Los arreglos de Steve aportan cierta singularidad a la rutina melódica, en especial su fenomenal última parte con un clímax fenomenal.

Después de “All Sweet Things”, este taciturno y sosegado recreo de fantasmas nos lleva a un corte intrascendente, como “Beautiful Songs You Should Know”, canción con guitarra acústica, percusión con aires latinos y arreglos de cuerdas, sobresaliendo el empleo del cello; y más tarde a la escucha de “Pigeon Drummer”, tema con uso de voces fantasmales femeninas que alterna una atmósfera misteriosa espectral con explosiones guitarreras metaleras y un incisivo riff de guitarra angular.

steven-wilson-no-man-fotosMás destacada es una de las piezas más sobresalientes del disco, “Truenorth”, con un sensacional trabajo de Steve Wilson en una fascinante combinación de pianos y un texto de imagen invernal. La canción de más doce minutos progresa magistralmente con diferentes variantes, que tanto permite la escucha de percusión tribal como de flautas, violines, y trazos lisérgicos. Un gran tema este corte central del álbum.

Tampoco es desdeñable “Wherever There Is Light”, canción de buena imaginería con el protagonismo de una mujer deambulando por una ciudad en busca de luz. La melodía es de las más destacadas del disco, muy bella, e instrumentalmente vuelven las flautas y los arreglos densos espaciales, con aportación singular del pedal steel.

“Song Of The Surf” es una balada de desamparo emocional. Escuchable sin más.

En “Streaming” Tim Bowness extrema su sedosa voz para dotar de suavidad máxima a la tenue atmósfera con sonidos electrónicos. El estribillo es simple y muy efectivo (con variantes en el texto): “the summer days are nearly over now, the summer rave counts the hours and marks your time…”

El álbum termina con otra pieza extensa, “Mixtaped”. No alcanza la magnificencia de “Truenorth”, pero es de las más cercanas al prog-rock con sus habituales tonos melancólicos.