• Por AlohaCriticón

Uno de los mejores trabajos de esta gran banda, para muchos el mejor de toda su carrera.

Despues de haber tenido que abandonar a su antiguo líder, Syd Barrett, por sus problemas con las drogas, el resto del grupo (con David Gilmour sustituyendo a Barrett en la guitarra) prosiguió con su carrera con gran éxito, sacando discos tan interesantes como “Atom heart mother” o “Meddle”. Puede ser que no fueran tan buenos como el genial “The piper at the gates of dawn” (de su época psicodélica con Barrett al frente del grupo), pero demostraron que Pink Floyd podía seguir sobreviviendo sin Barrett.

“The dark side of the moon” fue un Lp muy arriesgado. Muchos se preguntaron porque un grupo con unos trabajos tan elogiados como los mencionados anteriormente, que seguían cosechando grandes éxitos y creando un estilo propio, cambiaron súbitamente de estilo. Si durante el resto de su carrera hubieran seguido componiendo discos como los anteriores, sin cambiar apenas de estilo, Pink Floyd ya ocuparía un lugar privilegiado en la historia del rock. Pero no fue así. Decidieron experimentar con nuevos estilos y lo consiguieron con éxito.

Este album es el primer fruto de este cambio de estilo. Un trabajo más exitoso aún que los anteriores (23 millones de ejemplares vendidos) y realmente mítico.

El disco comienza con una bien ejecutada introducción que después se empalma directamente con “Breathe”, una sencilla pero muy efectiva pieza. Le sigue, “On the run”, un tema instrumental, posiblemente el más prescindible de todo el disco, pero que encaja muy bien. A continuación se empiezan a oir unos enigmáticos relojes: son la introducción para el tema “Time” uno de los más celebres del album y de Pink Floyd, con un espléndido solo de batería al principio del tema, ejecutado a la perfección por Nick Mason, y con un David Gilmour en plena forma en la guitarra.

La siguiente canción, “The great gig in the sky”, compuesta por el teclista Wright, es una hermosa balada, posiblemente la mejor composición que ha hecho Wright en toda su carrera.

A ésta le sigue la canción más famosa y pegadiza del Lp, “Money”, una auténtica obra maestra de Roger Waters y una de las mejores canciones que ha dado Pink Floyd, menos compleja que otras, pero más alegre y rítmica. Después de la descarga de adrenalina en “Money”, aparece una composición muy relajante y moderada, “Us and them”, otra pieza fundamental del disco. “Any colour you like” es otra pieza instrumental que, como “On the run”, es algo prescindible pero encaja a la perfección dentro del conjunto. Y para acabar el album, dos canciones más de Waters, “Brain damage” y “Eclipse” (que por un tiempo iba a ser el título del disco), que suponen el final perfecto para este gran trabajo.

Éste es, junto a “The wall”, el disco más famoso de Pink Floyd. Sin embargo éste suele gustar más por varias razones: es más sencillo pero tampoco en exceso; aquí todos los componentes escriben canciones (aunque Waters compone tres en solitario y escribe las letras) mientras que en “The Wall” es Waters el líder absoluto.

Razones no faltan para oir este soberbio disco, imprescindible para cualquier fan de Pink Floyd que se precie.

Dennis Moore

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