• Por Antonio Méndez

deluxe los jovenes mueren antes de tiempoEn los años 80 el pop-rock español conoció su propia nueva ola con movidas varias y una buena pléyade de eclécticos grupos y solistas que, unos mejor que otros, proporcionaron al panorama peninsular cierto dinamismo, entusiasmo y personalidad, marcando una efervescente etapa dentro del rock en lengua castellana. La década de los 90, al margen de honestos y veteranos rockeros que van a su aire, inundó las radiofórmulas con pop aflamencado formulista y repetitivo con letras de chiste, cantautores pelma que imitan más que crean, o la explosión bailonga latina para mover el esqueleto con dos copas porque para otra cosa vale más bien poco…

En el siglo XXI se remató el declive con la bazofia esa de OT, con la trinca y demás juzgando quien sabe o no sabe cantar con el mero objetivo de explotación y estandarización comercial. Es que es para cagarse en todo lo que se menea.

En este lamentable período “mainstrinero” la música pop se diluyó y se diluye, en su faceta más creativa y potable a recovecos independientes, aunque la mayoría de los mismos sean genéricos y recojan influencias claras de modelos anglosajones y carezcan, por lo general, de singularidad. En este cubículo se puede ubicar a Deluxe, quien edita, a diferencia de sus dos anteriores entregas, un tercer LP totalmente compuesto en español, lo que suele provocar que se desnude a muchos escritores de canciones su flaqueza en los textos al no disfrazarlos en inglés.

Si en el apartado musical se puede intuir cierto bagaje, con apuntes melódicos interesantes que denotan una plausible sensibilidad pop, frescura en ritmos, aciertos en atmósferas en concordancia con los tonos pretendidos o una orfebrería en estudio que ornamenta correctamente las composiciones, en el apartado lírico su escritura se manifiesta un tanto banal.

Es básicamente power pop con ínfulas de cantautor que ansía ser íntimo, confesional, crítico-pesimista… pero en algunos temas mengua su fuerza por su escaso calado, con textos insustanciales y puntuales rimas chirriantes.

“Cientos de mentiras” posee intensidad con una sección rítmica muy potente, un estupendo trabajo del bajo y la batería y una vehemente telaraña de guitarras repiqueteantes acompañando un estribillo en el que expone su desazón por la falsedad y la imperturbabilidad de ésta. Lo del “mismo” y el “organismo” suena un tanto forzado, lo que devalúa este aprovechable tema con buena melodía e incisivo “más, más, más”.

El single homónimo, “Los jóvenes mueren antes de tiempo”, se encuentra entre lo mejor del LP. Con influencia de los Smiths, presenta un tempo lento en las estrofas que engrandece el sentido desconsolado de la pieza, acertados arreglos vocales e instrumentales que ayudan a configurar una sugestiva y grisácea atmósfera, y un estribillo de gran melancolía y fácil recuerdo.

“Lo que tu querías ver” es rítmico jangle pop smithiano con expresivas guitarras. Artesanía pop funcional y sin trascendencia a pesar del ímpetu del “ya no hay tiempo”.

La pedestre y horrenda letra, que encima es pretenciosa, de “El antihéroe”, menoscaba sus interesantes texturas instrumentales, pero es que lo de “medallas de plata”, “pata de una silla”, “me importa un pepino”, la falta general de recursos literarios de auténtica valía, recuerda los momentos más risibles de las rimas facilonas de Mecano.

“Tanto rollo con el infierno”, de agitado ritmo powerpopero y con una pegadiza línea de guitarra, contradice la gradación del álbum. “Ya estoy harto de chicos atormentados” en un disco que se supone de factura melancólica y pesimista. Pues muy bien. Estate harto.

“No quiero verme” es otro jangle pop de guitarra repiqueteante, digna melodía, voz laxa de gran eficacia pop y ritmo fibroso. No quedaría mal en un relleno de canciones desechadas de Teenage Fanclub.

“Mira”, balada escéptica y taciturna de envoltura psicodélica, es otro de los mejores momentos del disco, al igual que “Extraña habitación”, en donde se manifiesta la habilidad de Xoel López para construir notables y lijadas piezas pop. A destacar el trabajo del bajo en este estupendo corte.

Ahora vienen un par de temas genéricos. “Assela y Jon” es escuchable por su riff sinuoso pero nada más, “Árboles de metal” no ofrece nada singular y su lírica resulta afectada, y “La hija del rey” redondea unas pautas ya cansinas y repetitivas en sonidos y ritmos.

“Nos gusta hacernos daño” es otro corte de entidad en donde parece sonar un theremin. Posee un riff rockero manido, intrigante atmósfera, la letra tiene empaque y tanto los arreglos como los tempos muestran cierto nivel de fortaleza, creatividad y enfoque para configurar un atractivo escenario de lo que parece ser una narración masoquista o de dependencia amorosa.

A dos voces se presenta la apreciable “Quemaremos el dinero”, medio tiempo con meritorio progreso melódico y un sentido, siempre bien recibido, delicado y vistoso de una arquitectura pop tapizada con suntuosidad pero sin vasallaje a la técnica.

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