• Por Antonio Méndez

jack-white-blunderbussCrítica

Líder de varios proyectos (The White Stripes, The Raconteurs, The Dead Weather…) Jack White firma por primera vez en solitario con “Blunderbuss”, álbum producido y arreglado por el propio cantante y multi-instrumentista que cuenta con el apoyo de Brooke Waggoner en el piano y el órgano, Fats Kaplin en el violín, pedal steel y la mandolina, Carla Azar en percusión o, entre otros y otras, Emily Bowland en el clarinete.

El disco comienza con “Missing Pieces”, medio tiempo blues rock de voz angustiada, sonidos de piano eléctrico y órgano. Un hombre se despierta, se ducha, sangra por la nariz… No tiene manos, no tiene piernas… De forma paranoica-surrealista recuerda el encuentro con una mujer que le ha privado de varios trozos de su cuerpo. Ruptura amorosa con ecos de Led Zeppelin.

“Sixteen Satines” es una pieza hard rock con un riff directo y potente a lo AC/DC que recicla también el clásico “Louie Louie”. Se pregunta Jack quien está celoso de nuevo en cuitas de batalla de sexos. Enérgica pero lineal.

“Freedom At 21” es uno de los mejores cortes del álbum de nuevo con Led Zeppelin como influencia. Percusión funk, excelente riff, tono ominos. Mezcla de blues rock y funk con protagonismo femenino-criminal. Excelente tema.

En “Love Interruption” comparte voz con Ruby Amanfu. Es una balada de rock de raíces con piano eléctrico, clarinete y guitarra acústica. Melódica, contiene en su texto el habitual tono oscuro-perturbador de White.

jack-white-fotoLa canción que titula el disco, “Blunderbuss”, es una imaginativa y onírica exposición de un amor prohibido. La balada combina el folk con el country. Sonidos de pedal steel, piano y violín.

Con “Hypocritical Kiss” Jack se irrita ante la mentira y la traición. Melódica, se escucha un piano clásico y percusión de marcha. El piano destaca en un equilibrio admirable de arreglos que muestran intensidad sin resultar excesivos. Es una de las cumbres del álbum que muestra el talento como compositor y productor de este buen músico.

“Weep Themselves To Sleep” es un corte casi shock rock, teatral, una pieza casi de ópera rock. Solo de guitarra rasguñada, dramático piano clásico, riff rock. Apreciable.

En “I’m Shakin’” versiona un corte de Rudolf Toombs que el intérprete R&B Little Willie John cantó con éxito en los años 60.

Dos canciones de rock de raíces como “Trash Tongue Talker” y “Hip (Eponymous) Poor Boy” podrían estar incluidos en el “Exile On Main Street” de los Rolling Stones o en alguno de los Faces. El primero crea escenas surrealistas como parodia del peligro de una femme fatale… Dos monos saltaban en la cama, uno cayó golpeando su cabeza contra el suelo. El otro llamó al médico: otro muerto al suelo… Intro con percusión de ejecución y desarrollo boogie rock con bajo Motown y un piano que bien podría interpretar Nicky Hopkins o Ian Stewart.

“Hip (Eponymous) Poor Boy” cruza el folk de los primeros Kinks con sonidos country, vals y honky tonk.

“I Guess I Should Go To Sleep” es un escuchable relleno blues, preludio de sus dos últimas e interesantes piezas. La primera es “On And On And On”, texto sobre rutina, cambio, determinación… Tengo que escoger lo que quiero ser, lo que hacer, actuar, pensar, hablar, decir… Tempo lento. Atmosférica canción de pop psicodélico. Como un Tommy James en su faceta más lisérgica.

La segunda se titula “Take Me With You When You Go”, brillante conjunción prog-rock de lisegia, teclados a lo Keith Emerson, psicoblues-rock a lo Hendrix, jazz lounge… Gran final para un notable álbum.

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