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La primera escucha tiene su gracia, con arreglos originales, melodías de nivel, sentido evocativo en su interpretación y atmósferas que no dejan de fascinar.
Esas trompetas borrachas tipo mariachi, el acordeón y un tempo funerario o de paso de Semana Santa significan la originalidad de la quejosa pieza homónima.
Con posterioridad danzamos valses agitanados con “Prenzlauerberg”, repiqueteamos con salero una mandolina sobre una percusión tipo militar en “Brandenburg” y en “Postcars from Italy”, en donde las trompetas vuelven a tomar protagonismo.
Uno de los mejores momentos del disco es “Mount Wroclai”, pieza con avivado acordeón que nos conduce a las calles de Montmartre. Se escuchan sonidos de trompeta y glockenspiel, y la ejecución vocal de Condon resulta magnífica. |  |
Otros cortes del álbum son la simpática “Scenic World”, en donde su influencia gitana alcanza momentos sofisticados con los sonidos del órgano Casio F-12. Sólo falta la cabra haciendo equilibrios.
La intensa “Bratislava” tanto podía abrir una corrida de toros como formar parte de la banda sonora de una fiesta gitana en Transilvania, mientras que “The Bunker” ejemplifica su talento melódico en su faceta más folk-pop.
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