• Por Antonio Méndez

Crítica

David Tibet (de nombre real David Michael Bunting) y su proyecto Current 93 son de esos fenómenos de culto ignorados por casi todos y gozados por muy pocos.

Un autor muy prolífico que cada año suele deparar un nuevo (o nuevos trabajos). Este “Black Ships Ate The Sky”, ambicioso folk ácido-apocalíptico es uno de los mejores.

El poder imaginario de su poética de Current 93 (nombre derivado de un texto de Aleister Crowley) y la ambiciosa pero agradable combinación de elementos sónicos, que parecen tanto concretar una síntesis entre música sacra de diferentes liturgias (con una oscuridad generalmente de tipo fúnebre), la psicodelia tintada de negrura, el folk tradicional de muy diversos localizaciones, la experimentación avant-gardé o la épica mística.

Es como mezclar con sentido atemporal la música medieval de tipo religioso, la Incredible String Band, Miklos Rozsa y Fairport Convention.

current-93-discos-criticaPara este álbum, Tibet, acompañado por excelentes músicos y vocalistas que enriquecen su concepto autoral, pivota su esencia temática (anclada en una atmósfera ácida de misterio apocalíptico) alrededor de una pieza metodista del siglo XVIII escrita por Charles Wesley y llamada “Idumea”, con ocho diferentes versiones (a cada cual mejor) y ocho cantantes distintos, entre ellos Marc Almond, Shirley Collins, Antony Hegarty o Will Oldham.

Todas ellas deparan diferentes gradaciones sobre la reiterada constante apocalíptica y espiritualidad cetrina, con mágicos-espectrales arreglos que remiten a experiencias mantra, tan oscuras como hermosas y con participación de violines, armonios, cellos o guitarras acústicas de notoria evocación que parecen inmiscuirnos en batallas previas al juicio final.

Al margen de las adaptaciones de “Idumea” el disco no se desapega de sus esencias en calmos, absorbentes, cortes de folk lisérgico tan bellos y delicados como “Sunset (The Death of Tumbeline)” o “Then Kill Caesar”. Para demostrar que Tibet no ha olvidado sus primeros coqueteos juveniles con el noise-rock y los sonidos industriales, los mismos son revisitados en la pieza homónima con cello caótico a lo John Cale.