• Por Antonio Méndez

Quinto disco de esta banda británica que descansando en asuntos tradicionales en su escritura, como pueden ser escenas sexuales, lamentos sentimentales con carga de culpa, angustias varias o cuitas sobre drogas, muestra la sensibilidad pop, la oscuridad emocional y la habilidad para la creación melódica de su cantante y guitarra Brian Molko, acercándose en su melancolía a posturas más emo-pop, noise-pop y pop góticas que al neo-glam con androginia estética que le catapultó a la fama mediática en la parte final de los años 90.

En el recorrido del álbum, con momentos para la estigmatización amorosa, la inmersión psicotrópica, el desaliento existencial en atmósferas taciturnas, algún que otro pasaje de distopía futurista, o las clásicas dependencias sentimental-sexuales, es apreciable la plausible construcción de canciones y el equilibrio en las texturas sónicas que sustentan unas historias narradas con tonos tristes, deprimentes, sombríos, en ocasiones amenazadores, paranoicos, casi siempre melodramáticos.

Conviven en este “Meds” canciones de cierta escasez, sea en sus textos o en la ubicación formulista de la composición más prescindible-radiofórmulera (aunque casi siempre con un sentido melódico de primer nivel, estimable captación de atmósferas, estribillos pegadizos e ímpetu en emociones), con otras de mayor empaque que a la par que la emocionalidad manifiesta con voz nasal trémulo-ansiosa, guitarras urgentes de base noise-pop, dinámicos ritmos o templados sonidos electrónicos, muestra una artesanía melódica de altura y una intensidad que va más allá del artificio presupuesto por muchos prejuiciosos sin demasiado criterio personal.

Los mejores cortes del disco se encuentran en la dinámica apertura homónima, con intro de guitarra acústica y participación en contraste vocal de la componente de The Kills, Alisson Mosshart (VV); en “Infra-Red”, la pieza cumbre de este trabajo con un tempo y ambiente amenazador, sinuosos ritmos y la clásica combinación pixiesiana (remedada más tarde por Nirvana) de estrofa calmada y bilioso estribillo con abrasivas guitarras cauterizando los sentimientos; en “Space Monkey”, pausado corte con un magnífico estribillo, un riff de guitarra eléctrica, piano y arreglos de cuerda que aportan mayor dimensión a la esencia techno-experimental de un corte con una atmósfera cetrino-relente muy lograda; o en “One of the Kind”, uno de los temas más sencillos pero inspirados del álbum con un fantástico trabajo en su contagioso ritmo techno-pop con sonidos noise-rock y un curioso trabajo en los teclados, la guitarra y la percusión.

El disco termina de forma notable con “Song to Say Goodbye” e “In the Cold Light of Morning”, balada atmosférica con ecos de la Velvet Underground.

Por medio queda el fibroso single “Because I Want You” o temas lentos como “Pierrot the Clown” y “Broken Promise”, escuchable aunque no excitante pieza con piano, alternancia de cadencias ya apreciada en estrofa/estribillo y participación de Michael Stipe.

Puntuación

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