Preciosa película de Frank Darabont (director de otra excelente película como es “La milla verde”, donde también aborda el tema carcelario adaptando como en este caso una novela de Stephen King). Para mi gusto, y junto con “El Hombre de Alcatraz”, una de las mejores películas carcelarias de todos los tiempos, pues el film de Darabont es, quizá, una de las mejores películas de los 90... todo un clásico moderno.
Andy (soberbio Tim Robbins) es condenado a cadena perpetua por doble asesinato (el de su mujer y su amante) e ingresado en una prisión de alta seguridad. Aquí, conocerá a Red, estableciendo con éste un vínculo de amistad muy muy especial (magistral Morgan Freeman, interpretándose aquí a sí mismo), y es que esta relación es quizá una de las mejores relaciones amor/amistad de todo el cine que llevo visto hasta ahora. Red es el que comprende a Andy, el que lo guía en un primer momento... pues a Andy lo vemos desde los ojos de Red, la admiración, el no comprender que hace una persona tan serena como él en aquel infernal sitio,... todo esto lo percibimos tan sólo con las miradas, los gestos... en fin, que todo esto lo vemos en la memorable interpretación de Freeman, en una de sus mejores interpretaciones, sin duda alguna. Robbins compone un personaje distante en apariencia, valiente, luchador, inteligente... pero como todos, débil en el fondo, torturado... es, por decirlo de alguna manera, un ángel en lo más profundo de los infiernos.
La dureza de la vida en este infernal centro penitenciario y la corrupción que reina en éste, nos la muestra Darabont si ningún tipo de tapujos. El realismo que despierta es a veces insoportable y las escenas más duras golpean sin concesión en lo más profundo de uno/a. Las escenas duras, se contraponen a algunas de gran belleza, como por ejemplo, la sublime escena de Robbins, encerrado en el despacho del alcalde, y deleitándose con un disco de Mozart... pues en ese momento es libre. La película esta llena de gran carga dramática, pero en ningún momento cae en la sensiblería más ñoña (me quedo con la durísima escena en que uno de los presos, ya mayor y recién salido del centro penitenciario, al no poder adaptarse al nuevo modo de vida, pues ha pasado casi toda su vida encerrado entre 4 paredes y unos cuantos barrotes, se suicida).
Sus maravillosos diálogos, su magnífico estudio de los personajes y sus psicologías, la magia que despierta el personaje de Robbins... en fin, absolutamente todo, ayuda aún más a que “Cadena perpetua” se alce como una película que merece, y mucho, estar entre el selecto club de las grandes obras maestras. Como he ido diciendo, la cinta, contiene magistrales interpretaciones de todos y cada uno de los actores, ya sean protagonistas o secundarios. Así tenemos, por encima de todos, a un Tim Robbins (que envuelve a su personaje en un halo de fascinación y admiración), pasando por un magistral Morgan Freeman, hasta llegar al actor que interpreta al violento guardia del centro...
La magistral puesta en escena de Drabont es tranquila, y cuando la cámara enfoca al personaje de Robbins, ésta, queda prendada de él, sensación que traspasa al espectador, cuya admiración, la sensación de serenidad y el estar rodeado en un halo casi mágico, que expresa magistralmente Robbins, lo capta a la perfección. Pero la dimensión de esta película se acaba de engrandecer (¿aún más?) por el resto de aspectos técnicos: su magistral fotografía, la dirección artística y, sobretodo, la soberbia, fascinante y preciosa banda sonora de Thomas Newman, que aporta su particular sello de identidad a los grandes temas compuestos para acompañar, excepcionalmente, las escenas de la película. Quizá uno de los mejores compositores actuales, cuyos trabajos en “American Beauty” y “Camino a la Perdición”, por ejemplo, demuestran la calidad de este genio.
No obstante, y a pesar de toda la dureza y las pocas concesiones que la película ofrece, al final siempre surge un pequeño atisbo de esperanza., pues “Cadena Perpetua” es eso al final… un precioso canto a la vida, una oda a los sueños (siempre realizables al fin y al cabo)… una obra maestra.
Daniel Jiménez Pulido
Durante su estancia en la cárcel ayuda a los
carceleros y al alcaide en sus papeleos y fraudes bancarios. Para recrearse
en esa prisión monta una biblioteca y ayuda a un joven chorizo a graduarse
por correspondencia. Pero, a pesar de todo, ve destruidos sus sueños, se
harta de ese lugar repleto de corrupción e hipocresía y termina por
marcharse.
Esta historia muestra, principalmente, el valor de la constancia. Esto se
muestra claramente cuando el no se cansa de mandar cartas para que le envíen
libros o cuando se dedica durante años a cavar un larguísimo túnel con un
martillo diminuto. Ya lo decía los del Vietcong durante la Guerra de
Vietnam; "un tigre puede vencer a un elefante si le da un bocado cada día".
Además también muestra lo que puede ayudarnos en la desesperación la buena
música. No olvida tampoco mostrar el valor de la amistad, lo horrible que
puede llegar a ser un centro penitenciario, lo hipócrita y falsa que es la
gente, la corrupción y el sadicismo de quienes se dedican a controlar a los
criminales, etc...
Lo malo de esta película es que, sin duda, se queda corta. En las cárceles
de entonces uno no encontraba amistades que estuvieran dispuestas a ayudarle
con una biblioteca ni encuentras a tanta "buena gente" como con la que se
hizo amiga de nuestro protagonista. Pero, dentro de lo que cabe, está
bastante bien. Aunque no es mejor que películas como La gran evasión, La
leyenda del indomable o La fuga de alcatraz. No tengo muy claro qué es pero
hay algo en esta película que no funciona del todo bien. Tal vez sea por que
no es una película que me causa expectación, no tiene una banda sonora
destacable ni los planos son nada del otro mundo.
De todos modos la considero una película imprescindible del género
penitenciario.
Antonio Valiente
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