Una de las obras más conseguidas y populares de Pier Paolo Pasolini, declarado comunista,ateo y homosexual, el autor italiano se consideraba sobre todo poeta y así lo reflejó en la mayor parte de sus trabajos cinematográficos.
Su visión sobre la existencia y pensamientos de Cristo, basado en el evangelio que da título a un film que Pasolini dedica al papa Juan XXIII, no es lo transgresora que podría resultar debido a la ideología del director transalpino, pero sí oferta una definición diferente y propia, siendo en su esencia un retrato fidedigno de la existencia de Jesús, probablemente y a pesar de su independencia personal y artística por la influencia de las sencillas creencias de su adorada madre (quien aparece en el fim encarnando a la Virgen María anciana), que le llevaron a interiorizar un respeto por la figura de Jesucristo.
El acercamiento a éste se produce desde un miramiento que mixtura lirismo, desmitificación y neorrealismo,en un pretensión de penetración filosófica, que minusvalora la tradicional representación icónica y conecta sus creencias con sus idearios marxistas afines.
La película está facturada en un árido blanco y negro, con ásperos paisajes cuasi mortuorios, acompasados por las composiciones clásicas de Mozart, Bach o Prokofiev y contando con intérpretes no profesionales, con el español Enrique Irazoqui en el papel principal.